Imperio Español






Se denomina Imperio Español al conjunto de territorios que colonizó, conquistó y gobernó España. Fue el primer imperio global.

Durante los siglos XVI y XVII, España llegó a ser una superpotencia a escala mundial. Castilla, además de Portugal, estaba en la vanguardia de la exploración y colonización europea, y de la apertura de rutas de comercio a través de los océanos (en el Atlántico entre España y las Indias, y en el Pacífico entre Asia Oriental y México, vía Filipinas). Los Conquistadores vascos, castellanos y extremeños descubrieron y conquistaron vastos territorios y culturas diferentes en América y otros territorios de Asia y África. España, especialmente el reino de Castilla, se expandió colonizando esos territorios y construyendo con ello el mayor imperio económico del mundo. Entre la incorporación del Imperio Portugués en 1580 (perdido en 1640) y la pérdida de las colonias americanas en el siglo XIX, fue el imperio más grande del mundo por territorio, a pesar de haber sufrido bancarrotas y derrotas militares a partir de la segunda mitad del siglo XVII. España dominaba los océanos gracias a su experimentada Armada, sus soldados eran los mejor entrenados y su infantería la más temida. El Imperio Español tuvo su Edad de Oro en el siglo XVII.


Este vasto y disperso imperio supuso estar en constante disputa con potencias rivales por causas territoriales, comerciales, o religiosas. En el Mediterráneo con el Imperio Otomano; en Europa, Francia tenía un poder semejante; en América, inicialmente con Portugal y más tarde con Inglaterra; una vez que los holandeses consiguieron su independencia se convirtieron también en contendientes. La piratería promovida por holandeses, ingleses y franceses, la conquista de territorios y la lucha constante con sus enemigos, a menudo simultáneamente durante largos periodos, y muchas veces basados en la religión, contribuyeron al lento declive del poder español. Este declive culminó, en lo que respecta al dominio sobre territorios europeos, con la Paz de Utrecht (1713): España renunciaba a sus territorios en Italia y en los Países Bajos, perdía la mayoría de su poder, y se convertía en una nación de segundo orden en la política europea. Sin embargo, España mantuvo su extenso imperio de ultramar hasta que sucesivas revoluciones le arrebataron sus posesiones en el continente americano un siglo después. No obstante, los españoles mantuvieron importantes fragmentos de su imperio en América (Cuba y Puerto Rico), Asia (Filipinas) y Oceanía (Guam, Micronesia, Palau, Marianas del Norte) hasta la Guerra Hispano-Americana de 1898, y en África (Guinea Ecuatorial, Norte de Marruecos y Sahara Occidental) hasta 1975.

Los inicios del Imperio.

Los reyes castellanos toleraban el reino taifa de Granada, por la recaudación de tributos en oro que éste les proporcionaba, y porque esto aseguraba que el oro del río Níger entraba en Europa. Castilla también intervino en el Atlántico, compitiendo con Portugal, cuando Enrique III de Castilla comenzó la colonización de las Islas Canarias en 1402 al enviar al explorador normando Jean de Béthencourt.

El matrimonio de los Reyes Católicos (Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón) unió los dos reinos, aunque cada uno mantuvo su propia administración baja la misma corona. Según Henry Kamen, España fue creada por el Imperio, y no el Imperio por España. El imperio castellano era el resultado de una rápida expansión colonial en el Nuevo Mundo, así como en Filipinas y en las colonias africanas: Melilla fue tomada en 1497 y Orán en 1509.

Los Reyes Católicos apoyaron la Casa de Nápoles aragonesa contra Carlos VIII de Francia. Como gobernante de Aragón, Fernando se había involucrado en la disputa con Francia y Venecia por el control de la Península Itálica; estos conflictos se convirtieron en el eje central de su política exterior. En estas batallas, Gonzalo Fernández de Córdoba (El Gran Capitán) fundaría el Tercio.

Rendición de Granada a los Reyes Católicos (1492): En 1492, España conquistó el reino nazarí, el último musulmán en la península. Tras esta victoria, apoyaron a Cristóbal Colón que quería alcanzar Cipango (las Indias, el Oriente) navegando hacia el Oeste. En lugar de esto, Colón, sin saberlo, “descubrió” América, iniciando la colonización española del continente.

Después de la muerte de la Reina Isabel, Fernando, como único monarca adoptó una política más agresiva que la que tuvo como marido de Isabel, expandiendo el área de influencia española en Italia y contra Francia. La primera prueba de Fernando de la fuerza española vino en la Guerra de la Liga Católica contra Venecia, donde los soldados españoles se distinguieron junto a sus aliados franceses en la Batalla de Agnadello (1509). Sólo un año más tarde, Fernando se convertía en parte de la Liga Católica contra Francia, viendo una oportunidad de tomar Milán (por la cual mantenía una disputa dinástica) y Navarra. Esta guerra no fue un éxito como la anterior contra Venecia, y en 1516, Francia aceptó una tregua que dejaba Milán bajo su control y cedía a España la Alta Navarra.

Además de la toma de La Española, que se culminó a principios del siglo XVI, los colonos empezaron a buscar nuevos asentamientos. La convicción de que había grandes territorios por colonizar en las nuevas tierras descubiertas, produjo el afán por buscar nuevas conquistas. Desde allí, Ponce de León conquistó Puerto Rico y Diego Velázquez, Cuba. El primer enclave en el continente fue Darién, en Panamá, conquistado por Vasco Núñez de Balboa en 1512. Este Imperio Castellano se convirtió en la fuente de la riqueza española y de su poder en Europa, pero también contribuyó a elevar la inflación, lo que perjudicó a la industria peninsular. En lugar de afianzar la economía española, la riqueza del imperio hizo que España comenzase a depender de las materias primas y manufacturas de países más pobres, con mano de obra más barata, lo cual facilitó la revolución económica y social en Francia, Inglaterra y otras partes de Europa. Los problemas causados por la inflación fueron discutidos por la Escuela de Salamanca, lo cual creó un nuevo modo de entender la economía que los demás países europeos tardaron mucho en comprender.

El Siglo de Oro (1521-1643).

El periodo comprendido entre la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII es conocido como el “Siglo de Oro” por el florecimiento de las artes y las ciencias que se produjo.

Durante el siglo XVI España llegó a tener una auténtica fortuna de oro y plata extraídos de “Las Indias”. Se decía durante el reinado de Felipe II que “el Sol no se ponía en el Imperio”. Este imperio, imposible de manejar, no fue controlado desde Madrid, sino desde Sevilla. La dinastía Habsburgo derrochó las riquezas americanas y castellanas en guerras a través de Europa para sus propios intereses, teniendo que dejar sus deudas sin pagar frecuentemente, y dejando a España en bancarrota. Sus objetivos políticos eran varios:

·         El acceso a los productos americanos (oro, plata, azúcar) y asiáticos (porcelana, especias, seda).
·         Minar el poder de Francia y detenerla en sus fronteras orientales.
·         Mantener la hegemonía católica de los Habsburgo en Alemania, defendiendo el catolicismo contra la Reforma.
·         Defender a Europa contra el Islam, sobre todo contra el Imperio Otomano.

Como consecuencia del matrimonio político de los Reyes Católicos, su nieto, Carlos I heredó el Imperio Castellano en América, el Imperio Aragonés en el Mediterráneo (incluyendo buena parte de la actual Italia), así como la corona del Sacro Imperio Romano Germánico, los Países Bajos y el Franco Condado. Este imperio estaba compuesto por territorios heredados y no conquistados. Tras derrotar a los sublevados en la Guerra de las Comunidades de Castilla, Carlos I era el hombre más poderoso de Europa, con un imperio europeo que sólo sería comparable en tamaño al de Napoleón. El Emperador intentó sofocar la Reforma Protestante en la Dieta de Worms, pero Lutero renunció a retractarse de su herejía. No obstante, Carlos I ordenó saquear la Santa Sede, después de que el Papa Clemente VII se uniera a la Liga de Cognac contra él, en lo que se llamó el Sacco di Roma.

Después de Colón, la colonización del Nuevo Mundo fue encabezada por una serie de guerreros exploradores conocidos como los Conquistadores. Las tribus nativas estaban casi siempre en guerra unas con otras y muchas de ellas se mostraron dispuestas a formar alianzas con los españoles para derrotar a enemigos más poderosos como los aztecas o los Incas. Este hecho fue facilitado por la propagación de enfermedades comunes en Europa (viruela), pero desconocidas en el Nuevo Mundo, lo que diezmó la población nativa americana.

El conquistador más exitoso fue Hernán Cortés, quien entre 1519 y 1521, con alrededor de 200.000 aliados amerindios, arrasó el poderoso Imperio Azteca, entrando en México, que sería la base del virreinato de Nueva España. De una importancia comparable fue la conquista del Imperio Inca por parte de Francisco Pizarro, el cual se convertiría en el Virreinato del Perú. Tras la conquista de México, las leyendas sobre ciudades “doradas” (Cibola en Norteamérica, El Dorado en Sudamérica) originaron numerosas expediciones, pero muchas de ellas regresaron sin encontrar nada, y las que encontraron algo era mucho menos valioso de lo esperado.

En 1521, Francisco I de Francia, al sentirse rodeado por los territorios de los Habsburgo, invadió las posesiones españolas en Italia e inició una nueva era de hostilidades entre Francia y España. La guerra fue un desastre para Francia, que sufrió importantes derrotas en Biccoca (1522), Pavía (1525) – en la que Francisco I fue capturado – y Landriano (1529) antes de que Francisco I claudicase y dejase Milán en manos españolas una vez más.

El ocaso del Imperio global (1808-1898).

El primer territorio importante que perdió España en el XIX fue Luisiana que se extendía hasta Canadá, y que los franceses, bajo el mando de Napoleón, obtuvieron como parte del tratado de paz de 1800 para después vendérselo a Estados Unidos en 1803.

La destrucción de la flota española (bajo mando francés) en la Batalla de Trafalgar (1805) minó la capacidad de España para defender y mantener su imperio. La posterior invasión de la Península Ibérica por las tropas napoleónicas en 1808 cortó la comunicación efectiva con ultramar.

En 1808 el rey español Carlos IV fue engañado y España fue tomada por Napoleón sin disparar ni una bala, pero la ocupación produjo un levantamiento popular y la aparición de la guerra de guerrillas. La Guerra de la Independencia española fue seguida por una monarquía absoluta, una década ominosa, guerras civiles de sucesión, una breve república y finalmente una democracia liberal corrupta. En esta época destaca la labor de O´Donnell, artífice de la construcción del primer ferrocarril en España, la anexión de territorios marroquíes y la no reconocida de Saigón.

Las guerras de independencia americanas fueron desencadenadas por un nuevo intento británico de alcanzar el territorio americano español, esta vez en el Virreinato del Río de la Plata en 1806. Los criollos (nativos de las colonias descendientes de españoles), inspirados por la revolución norteamericana, se propusieron conseguir la independencia y expandieron estos movimientos por todas las Américas. Así comenzaba un largo periodo de emancipaciones por parte de las naciones americanas:

·         México (1810).
·         Paraguay (1811).
·         Provincias Unidas del Río de la Plata (1816).
·         Chile (1818).
·         Gran Colombia (1819).
·         Perú (1821).
·         Provincias Unidas de Centroamérica (1821).
·         Santo Domingo (1821) - Devuelta a control español entre 1861 y 1865
·         Bolivia (1825).

En España la era post-napoleónica resultó en guerras y disputas entre progresistas, liberales y conservadores. Estos últimos se negaban a aceptar que el país tuviera un estatus bajo a escala internacional. La consecuencia fue una constante inestabilidad que retardó el desarrollo del país. Un breve periodo de mejora se produjo en la década de 1870 cuando Alfonso XII y sus ministros tuvieron cierto éxito en recobrar el vigor de la política y el prestigio españoles, en parte por haber aceptado la realidad de las circunstancias españolas y trabajar inteligentemente. En el XIX, España se convirtió en un destino exótico, barato y relativamente confortable para la aventura entre la pomposa élite social de Francia e Inglaterra.

No obstante, España mantuvo el control de importantes fragmentos de su imperio hasta el incremento del nivel de nacionalismo y de levantamientos anti-coloniales en varias zonas, que acabaron con la Guerra Hispano-Americana de 1898, cuando una débil España se enfrentó a unos Estados Unidos mucho más fuertes. El desencadenante de esta guerra que fue esgrimido por Estados Unidos fue el hundimiento del acorazado Maine, del que inicialmente se culpó a España y que las últimas investigaciones han demostrado que fue un accidente. Esta guerra acabó con una vergonzosa derrota española y la independencia de Cuba. En Filipinas, los independentistas también contaron con el apoyo estadounidense. España se vio forzada a pedir un armisticio, y se firmó el Tratado de París, en el cual, se renunciaba definitivamente a Cuba y se cedía a EUA: Filipinas, Puerto Rico y Guam. Esta serie de fracasos son conocidos como el Desastre del 98.



Fuente: Microsoft Encarta 2001

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