Seguimiento o Control










A través de la inclusión en el contrato de los apropiados incentivos, restricciones y penalizaciones el principal puede animar al agente a actuar según sus intereses. Así, por ejemplo, las opciones de compra de acciones para los directivos y los incentivos en forma de acciones se diseñan con ese fin.


Ahora bien, en bastantes casos el principal no puede observar todo lo que hace el agente y por ello éste último actúa en su propio beneficio (y en perjuicio de aquél) incurriendo en un problema de riesgo moral. Para cubrirse de este riesgo el principal puede realizar un seguimiento o control de las acciones del agente aunque, es necesario decir que, ello es costoso y a veces totalmente imposible de llevar a cabo. La mayoría de los contratos, o bien no incorporan el seguimiento, o lo hacen de forma incompleta. Un típico ejemplo es la venta a comisión en la que el agente recibe un porcentaje del precio de venta; un seguimiento parcial y/o incompleto podría consistir en una auditoria de los gastos empleados para poder realizar las ventas, reduciéndose la comisión si aquéllos superan un cierto nivel.

Cuando un principal utiliza en su nombre a un agente, una consideración importante, a la hora de determinar una asignación eficiente de los recursos del principal debido a los costes implicados, es el alcance del seguimiento. Así, la probabilidad de que un agente incurra en comportamientos impropios es una función inversa del alcance del control al que sea sometido. De tal manera que para una situación determinada, existirá una cantidad de seguimiento óptima, que contrarreste la posibilidad de pérdida de recursos debida a la falta de ética del agente con relación a los recursos empleados en realizar el seguimiento de sus actuaciones.




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