Atletas mensajeros. El cartero inca

En esta ocasión se habla sobre uno de los elementos que permitió que el Imperio Inca se extendiera y se administrará de forma eficiente, al grado de ser uno de las civilizaciones cuyo territorio abarcó mucha superficie, y eso se logró en parte a unos mensajeros que eran todos unos atletas, de los cuáles ya conocerán un poco más a continuación.

Todo Imperio que se precie y que busquen mantenerse en el tiempo necesita tener comunicada su población ya la vez estar informado acerca de ella. Estas premisas las tuvieron muy claras los incas, por ello establecieron un sistema de correos especializado que les permitiera gobernar un territorio tan grande y tan alejado entre sí. Para estar informados e informar, los emperadores incas idearon una legión de carteros personales, conocidos como chasquis, que llevaban los mensajes de un punto a otro del territorio. Esto se realizaba mediante postas, un sistema de relevos en el que el chasqui avisaba de su llegada haciendo sonar el pututu (una caracola marina) al siguiente compañero, quién se preparaba para relevar lo y seguir hasta el siguiente tampu (estación de destino). La geografía del imperio hizo que los chasquis tuvieran que contar con características físicas muy específicas: además de la habilidad para correr muy rápido, sus pulmones deben estar preparados para el esfuerzo y la altitud, mientras que sus piernas y pies debían soportar cualquier tipo de irregularidad del terreno por el que pasaban.

Se calcula que estos atléticos hombres corrían 2.4 km/h entre tampus, cubriendo distancias muy grandes en un tiempo relativamente corto, de manera que un mensaje podía llegar en un día a una distancia de 300 km. Los conquistadores españoles quedaron admirados por la velocidad del correo, así que mantuvieron el sistema durante el Virreinato del Perú.


Fuente: Muy Interesante Historia. Civilizaciones desaparecidas, Ed. GyJ Televisa, p. 32.









Comentarios

Lo más popular de la semana

25 Preguntas de Mercadotecnia

25 Preguntas de Economía