Izcóatl (Serpiente de Obsidiana)

Su periodo de gobierno abarcó de 1427 a 1440, y se le reconoce el mérito de ser el gran impulsor de la hegemonía mexica. Antes de ser elegido tlatoani se había desempeñado como jefe de la casa de armas, un rango militar muy importante. Bajo su mandato desapareció el yugo con respecto de la nación tepaneca, y esto permitió que la expansión y dominio hegemónico se consolidara sin trabas en esos años. Tras la muerte de Chimalpopoca, asciende al trono este monarca que contaba con las cualidades humanas y la experiencia bélica necesarias para enfrentar los retos de su tiempo.


Una vez más Maxtlatzin, señor de Azcapotzalco, desaprobó la elección de este joven tlatoani y ejerció presión contra los mexicas para bloquear su intención de ser una nación independiente. Sin embargo, a oídos sordos, Izcóatl buscó con urgencia el apoyo de los señores de Tacuba y Texcoco, lo que dio origen a un ejército poderoso. Se desataron una serie de batallas en las que murió Maxtlatzin y con él, la obligatoriedad de tributar a su señorío. Azcapotzalco fue saqueada y convertida en un mercado de esclavos. Una de las primeras decisiones en su gobierno, aparte de erigir la supremacía absoluta de los mexicas, fue la de emprender campañas de conquista en Coyoacán, Xochimilco, Mixquic y Tláhuac. Logró con esta medida que esa creciente preponderancia sobre las potencias existentes se edificara en una sólida posición desde la cual pudiera trazar nuevos pactos de comercio y de tránsito por sus rutas, así como para sentar las bases de una sociedad teocrática.

Se propuso borrar todo pasado que pudiera significar vergüenza o debilidad para su recién consolidado señorío: hizo quemar los antiguos testimonios que relataban su sometimiento a la antigua civilización tepaneca; pretendiendo extirpar todo estigma de vulnerabilidad como futura referencia a las nuevas generaciones. Pactó en forma provechosa una triple alianza con Texcoco y Tlacopan, pero Tenochtitlán mantendría la hegemonía y su poderío militar. Un rasgo característico en las reformas religiosas que emprendió, fue el de incentivar el papel de los sacrificios humanos como benefactores del orden cósmico.


Fuente: Jesús Amezcua Castillo – Caudillos, héroes y villanos de México, Editorial Delfín, p. 6 – 7.








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