Jesús. Viaje a Belén

En el mes en que José y María se casan, César Augusto decreta que todos los habitantes del Imperio Romano tienen que participar en un censo de población para mejorar el sistema de recaudación de impuestos. Los judíos siempre han estado en contra de todo intento por considerar a la gente como un número; esto, sumado a las graves dificultades internas de Herodes, rey de Judea, ha contribuido a retrasar un año el empadronamiento en el territorio judío. En todo el Imperio Romano, este censo se lleva a cabo en el año 8 a.C excepto en el reino de Herodes en Palestina, donde tiene lugar un año más tarde.


No es necesario que María acuda a Belén para empadronarse ya que José puede registrar a su familia, pero María, siguiendo una corazonada, ya que además es una persona intrépida y decidida, insiste en acompañar a su esposo. Teme quedarse sola por su el niño nace durante la ausencia de José y como Belén no está lejos de Judá, María anticipa una agradable visita a su querida prima Isabel.

En ese tiempo, las posadas en Belén están atestadas y no hay una sola habitación desocupada, por lo que José busca alojamiento en casa de unos familiares, pero no tiene suerte. Al regresar al patio de una posada, le informan que los establos para las caravanas, situados debajo de la posada, han sido vaciados de sus animales y limpiados para recibir huéspedes, José no lo piensa dos veces y junto con María se instala en el improvisado lugar.



Fuente:
Los Grandes. Jesús, Editorial Tomo, p. 27 – 28.










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