La ciencia de los celos. Celos de hombre, celos de mujer

“Que bellos son tus celos de hombre que sientes cada vez que me voy…”
La Sonora Dinamita

Según la psicología evolutiva, los celos sufridos por los hombres son distintos a los que aquejan a las mujeres. De acuerdo con esta teoría, el reto que para la hembra de nuestra especie representa el asegurar que un macho invierta suficiente tiempo y recursos en sus hijos (sean o no realmente también de él, pero esa es otra historia) ha favorecido que las mujeres respondan con mayor intensidad a la infidelidad emocional que a la sexual. En sentido opuesto, la posibilidad de que una hembra sea embarazada por un macho distinto a su pareja ha favorecido que los hombres respondan con mayor intensidad a la infidelidad sexual que a la emocional.


Una mujer se encela más con su pareja cuando percibe (con razón o no) que se está enamorando de otra mujer aunque no copule con ella; mientras que un hombre tiene arrebatos de celos mayores en el caso opuesto. ¿La razón? Los celos masculinos son un mecanismo resultante de la evolución para prevenir que el hombre termine criando hijos de otros, en tanto que los celos femeninos son un mecanismo para no perder los recursos invertidos por el padre (verdadero o no) en sus hijos.

Nótese que lo aquí expuesto no significa que hombres y mujeres no sufran por igual del mismo tipo de celos: sólo se menciona que la intensidad con que se siente cada tipo de celos es distinta en cada sexo; ergo, este artículo no se puede usar como excusa para argumentar: “Tus celos son evolutivamente irracionales. ¡Sólo me estaba echando una canita al aire!... Ya sabes que eres la única de quien estoy enamorado”.

A pesar del recelo y la polémica que esta perspectiva evolutiva ha suscitado desde hace más de tres décadas con la frase “los celosos son de Marte, las celosas son de Venus”, hasta sus “celosos defensores” han descubierto evidencia a favor y en contra de esta hipótesis que predispone de manera innata a hembras y machos a reaccionar de forma distinta ante la infidelidad.


Fuente:
Por Luis Javier Plata Rosas en Revista Algarabía No. 125 Febrero 2015, p. 49 – 50.








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