La ciencia de los celos. Celos perros

Si bien “es humano tener celos”, éstos no son exclusivos de nuestra especie. A nadie (espero) extrañaría que chimpancés, bonobos y otros “parientes cercanos” estuvieran de vez en cuando aquejados por los celos, dado que, al igual que nosotros (aunque no tengan Facebook o alguna otra red social), sus vidas forman parte de las redes sociales que cambian con frecuencia; quizá no sufran tanto como un filósofo, pero de que sufren, sufren. ¿Y en especies algo más lejanas como los perros?

Quienes tienen una “relación perruna” con su mascota seguro no requieren de una lectura científica para saber que los canes pueden encelarse con otros; pero quienes no tienen esta experiencia directa pueden confiar en que la ciencia ha determinado que así sucede: en experimentos en los que los investigadores observaban la reacción de un perro ante la presencia de un perro de peluche que ladraba, se quejaba y movía la cola, el can auténtico no sólo se esforzaba por llamar la atención de su dueño, sino que ladraba, se mostraba agresivo con su rival mecánico y se interponía entre él y su dueño para intentar romper la conexión que, por indicación de los investigadores, se formaba entre ambos.

Al parecer, la gran mayoría de los perros que participaron en este experimento percibían al intruso de peluche como uno real, dado que olisquearon su trasero para identificarlo. Sin embargo, un porcentaje muy pequeño de perros no mostró celo alguno; queda la duda de si éstos perros excepcionales eran demasiado inteligentes y sabían que no había amenaza alguna porque su “rival” no era real… o demasiado estúpidos para sufrir por celos.

Para finalizar, sobre esa sensación el filósofo Roland Bathes escribió en ‘Fragmentos de un discurso amoroso’: “Como hombre celoso, sufro cuatro veces más: porque soy celoso, porque me culpo de serlo, porque temo que mis celos hieran al otro, porque me permito estar cometido a una banalidad: sufro por ser excluido, por ser agresivo, por ser loco y por ser vulgar”.


Fuente:
Por Luis Javier Plata Rosas en Revista Algarabía No. 125 Febrero 2015, p. 54 – 55.








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