Los mapas pueden leerse

Casi todo puede leerse.
Las personas piensan normalmente que sólo lo que está escrito con letras puede leerse, pero eso no es del todo cierto; casi todo puede leerse en el universo, por supuesto, siempre y cuando uno sepa descifrar los signos con que están escritos los hechos.

El automovilista que circula por una calle cuenta con signos que lo guían para dirigir su camino. Si se ve una luz verde en el semáforo sabe que es tiempo de proseguir; y cuando ve una luz roja no hay duda de que debe detener la marcha de su automóvil.

Una estrella visible desde el hemisferio norte de la Tierra (la estrella polar) orientó durante siglos las rutas de los navegantes.

Señales en el cielo, en la Tierra y en el papel.
La ubicación precisa de cada uno de los lugares de nuestro planeta ha sido posible (entre otras circunstancias) por la posición que esos lugares conservan respecto de las estrellas, la Luna, el Sol y los demás planetas del Sistema Solar, es decir, respecto de los objetos celestes.

Cuando un piloto conduce su nave en mar abierto parece que lo rodea un enorme desierto de agua. No hay tierra a la vista ni algún otro objeto que le indique cuál es su ubicación precisa en el ancho océano.

Además de llevar instrumentos para saber en dónde está, el piloto lleva siempre planos especiales llamados portolanos, es decir, mapas de los mares en los que se han dibujado las rutas más apropiadas para arribar a un determinado puerto.

Los signos de un portolano.
En un portolano (y en casi todos los mapas) hay signos que pueden descifrarse. Un portolano, igual que los demás mapas, pueden leerse.

Hay en ellos una especie de estrellita llamada rosa de los vientos; alrededor de ellas hay letras (N para el Norte, S para el Sur, E para el Este y O para el Oeste). Si el lugar al que quiere llegar el piloto se encuentra al norte de donde está, hacia allá encamina su barco.

¡Cuidado!
¡Pero cuidado! Sobre la ruta que el piloto ha elegido hay dibujadas en el portolano unas manchitas de color amarillo o verde vivo, lo cual indica que ahí existen rocas submarinas y que debe tomar las debidas precauciones.

En la gran cuadrícula de un portolano (algunos son tan grandes como el piso de una casa), además de los meridianos y paralelos con los que está dividida la Tierra en la mayor parte de los mapas, hay unas líneas rojas: éstas representan a las corrientes más propicias para realizar el viaje. El piloto, entonces, procura encaminar su barco lo más cerca posible de esas líneas rojas: así las corrientes del propio mar facilitarán su viaje y lo harán más feliz.


Fuente:
Supertareas 4, Fernández Editores.








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