Del placer de la mesa. Accesorios industriales

Como consecuencia inmediata de tales antecedentes, toda la industria humana se ha concentrado para aumentar la duración e intensidad del placer de la mesa.

Algunos poetas se quejaron, porque siendo la garganta demasiado corta se oponía a la prolongación del placer de saborear; otros deploraban la pequeña capacidad del estómago y se llegó hasta dejar libre a esta víscera de la tarea de digerir la primera comida, para tener así el gusto de tomar otra segunda comida. […]

Se adornaron con flores los vasos y copas; se coronaba a los convidados; se comía bajo la bóveda del cielo, en los jardines, bosques y en presencia de todas las maravillas de la Naturaleza.

Los encantos de la música y el sonido de los instrumentos se juntaban con el placer de la mesa. Así, mientras que la corte del rey de los feacios de la isla de Corcira (también llamada Corfu, es una isla griega del mar Jónico) se regalaba, el cantor Femio celebraba hechos y guerreros de tiempos pasados.

Con frecuencia entretenían la vista sin aminorar los placeres del gusto, bailarines, titiriteros y bufones de ambos sexos con variedad de trajes; esencias, fragancias y delicadísimos perfumes se esparcían, a fin de embalsamar la atmósfera, y, por último, se llegó hasta hacerse servir por hermosas mujeres sin velos, de suerte que a todos los sentidos se llamaban para un regocijo universal.


Fuente:
Por Jean Antheline Brillat - Savarin en Revista Algarabía No. 125 Febrero 2015, p. 42 – 43.

 

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