La piedra embrujada

Moctezuma ordenó un día a Cihuacóatl (especie de ayudante) que llamase a todos los canteros y albañiles de los barrios de Teopan, Moyotlán, Atzacualco y Cuepopan, a quienes se mandó que fuesen a Acolco, en las inmediaciones de Ayotzingo y Chalco, a buscar una piedra de grandes dimensiones para labrarla con los signos que tenía la que estaba arriba del cú o templo de Huitzilopochtli y colocarla allí como tributo al dios de la guerra. Había de ser más alta dos codos, y más ancha una braza. Ocho o diez mil indios rodaron la gran piedra a la llanura, una vez desprendida del monte, y los canteros se pusieron a tallarla con sus instrumentos de pedernal, alimentándolos el pueblo de Chalco. Una vez esculpida, se empezó a trasladarla a Tenochtitlan, moviéndola con cuerdas y maromas y empujando y tirando todos los indígenas de Chalco, de Nauchteutli y de las chinampas, hasta hacer llegar el pesado monolito a Iztapalapan. Allí se resistió la piedra a seguir rodando. Vinieron en auxilio de los que traían otros indígenas de Chiapan, Xilotepec, Huatitlán y Mazahuacán, y entre un animoso griterío rodearon la enorme piedra y trataron de moverla, pero entonces, con gran espanto de todos, la piedra habló y dijo: Por más que hagáis…

“Con esto que dijo, sigue el relato textual de Tezozómoc, ningunas gentes más hablaron, quedáronse mustios y tornando a forcejear, tornó a hablar la piedra y dijo: ¿qué me queréis llevar? Pues no he de rodear (rodar) para ir a donde me queréis llevar. Comenzaron a proseguir el traerla, tornó a hablar y dijo: pues llevadme que acullá os hablaré: trajéronla hasta Tlapitzahuayan, dijeron los canteros: demos aviso al rey de lo que ha pasado y lo que ha dicho la piedra; fue un principal y un cantero a hablar a Moctezuma, y dándole cuenta al rey de lo que había sucedido, díjoles: ¿estáis vosotros borrachos? ¿Cómo venís vosotros con mentiras? Llamó al mayordomo Petlacalcátl y díjole: llevad presos a estos bellacos que vienen con semejantes mentiras”.

Cuando esto sucedió, ya se hacían preparativos en México – Tenochtitlán para recibir la piedra solemnemente y consagrarla, estando a punto de salir al camino a esperarla sacerdotes con sahumerios y abanderados de la corte de Moctezuma, músicos y danzantes. La noticia de que la piedra se resistía a andar, enfrío los entusiasmos y causó alarma.

El emperador envió a seis principales a enterarse de lo que pasaba, y volvieron con la ratificación de ser cierto lo que habían informado al rey, que mandó poner en libertad a los presos, mandándoles a que llamaran a los vecinos de Aculhuacán y a los Chinampanecas y Nauchteutli para que fuesen a empujar la piedra. Sobre lo que ocurrió con este nuevo refuerzo, dice el historiador indígena en su pintoresco estilo:

“Llegados, arrancaron con ella y llegaron a Techicheo con ella por la mañana, que querían traerla; comenzaron a traer cornetas y a cantarle, y comenzaron a tirar: era como arrancar un cerro, antes se hicieron pedazos todas las maromas: acabadas de cortar las maromas tornó a hablar otra vez la piedra y dijo: ¿No acabáis de entender vosotros? ¿Qué me queréis llevar? Que no he de llegar a México; decidle a Moctezuma ¿Qué para qué me quiere? ¿ Que qué aprovecha, que qué tengo de hacer allá, y que vaya a donde tengo de estar arrojada? Que ya no es tiempo de hacer lo que ahora acuerda, que antes lo había de ahber hecho, porque ya ha llegado su término de él, ya no es tiempo, y el Moctezuma ha de ver por sus ojos lo que será presto, porque está ya dicho y determinado, porque parece que quiere aventajar a Nuestro Señor; que hizo el cielo y la tierra, mas con todo, llevadme, que allí será mi llegada, ¡pobres de vosotros! Vamos caminando”.

La piedra “se durmió” en Tezizitlan, de lo que se dio aviso a Moctezuma Xocoyotzin, ordenando el emperador que la sahumaran y que le sacrificaran codornices los sacerdotes y le cantaran y bailaran al son del teponaztli, para que tuviera más ganas de ir… - decía Moctezuma.  Pero aquí vino lo definitivo: llegando al puente que había en Xoloco, la malhadada piedra habló por última vez, diciendo: Hasta aquí ha de ser, y no más. “Diciendo esto – prosigue Tezozómoc – se quebró el puente, que era de unas planchas de cedro de siete palmos de grueso y nueve de canto de gordo: cayóse la piedra dentro del agua y llevó tras sí a los que la tiraban, y muchos murieron, que no se pudo contar la gente que debajo consumió”…

El emperador, cuando tal supo, consultó con sus consejeros y fue al lugar de los hechos, disponiendo que se llamase a los mejores encantadores para deshacer el hechizo y localizar la piedra por medio de buzos, asistiendo a la operación el soberano, protegido por un quitasol, y resultando que no se encontraron los cadáveres de los ahogados ni la piedra sumergida; ésta apareció al otro día en el lugar de donde la habían arrancado los canteros.

Resignado ante el insólito hecho, el intrigado rey exclamó, por decir algo: “Norabuena”…, y dispuso que los fatigados canteros se fueran a México, encargándoles entonces que tallaran su retrato en la roca.

El vulgo y los sabios sacerdotes de aquellos tiempos tomaron lo acaecido con la piedra embrujada como un presagio del próximo fin de Moctezuma y de la destrucción del imperio de los aztecas.

Como en efecto sucedió.

Nota: Parece que también Moctezuma el primero y el emperador Axayácatl hicieron tallar sus retratos en una roca de Chapultepec. Lo probable es que en la peña barrenada hubiese diversas efigies imperiales, ya que lo destruido en la cantera abarca seis o siete metros de extensión.

Fuente:
Ediciones Leyenda – México y sus leyendas. Compilación, p. 20 – 22.

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