Arsenal pasó miedo

Se hizo Campeón, es cierto. Se título ante el destino. El chico va creciendo. Pero en las listas históricas ineludiblemente tras del ‘Campeón Arsenal 2007’, se colocará un asterisco. En pleno siglo XXI, aún queda esa inconsciencia de coronar a un equipo que empató en el marcador global.

Al final, 4 – 4 ante el América, cuando se pensaba que los de Sarandí eran superiores por lo demostrado en el Estadio Azteca. Llegaron lastimadas las Águilas a Argentina, luego de las críticas que se llevaron al perder en el D.F.

Acá nadie apostaba un peso por los mexicanos, nadie creía que sucedería algo extraordinario. Se adelantaba la goleada, la fiesta, el éxtasis resbalando por la piel áspera de 50 años de cero triunfos. En Arsenal no les daba igual, ganar la Copa Sudamericana era una misión obligatoria para un equipo formado a pedazos y con detritos de otros clubes.

Y lo más peligroso para ellos fue que durante el partido Arsenal pasó miedo. Los de Sarandí se pasearon por el Estadio Juan Domingo Perón, el “Cilindro” de Racing de Avellaneda con pesadez, sin dar grandes muestras de júbilo.

El América vino a pelear con el cuchillo entre los dientes, el pecho inflado, el corazón cenizo pero aún latiendo, muerto de un solo lado, pero con los músculos sueltos para resistir y forzar al límite esto.

Se bajó el costo de los boletos, para esta Final con respecto a la Liga. Costaban entre 3 y 4 dólares y aún así, el “Cilindro” no se llenó.

Las Águilas, con su técnico lastimado del pie derecho, se posicionaron del campo de juego de inmediato. Les costó, a pesar de todo, llegar a la portería de Cuenca. Tuvo que llegar una genial jugada de Juan Carlos Silva para habilitar a Óscar Rojas.

El ‘Torito’, graduado en la Liga con el Clásico, se sentía importante en un juego clave, lo mismo que Guillermo Ochoa, que tuvo otra vez, una de esas actuaciones mágicas que le salen a menudo.

El caso es que muy temprano, Rojas entraba al área enemiga tirando un servicio potente que desvió Christian Díaz a su propia red. Una puñalada para su equipo y en Arsenal se rozaba la depresión.

Todo el estadio, cerca de 20 mil personas, callaron. Sin embargo, la realidad, es que sentían la impotencia de ser mejores y no anotar.

Los locales fueron superiores en el primer tiempo, pero el sistema táctico no les funcionó porque lo que desequilibra, el gol, lo tenía el América. José Luis Calderón pegó dos al poste y Ochoa sacó otro par mientras que Jossimar Mosquera falló una clara en el área chica.

Injustamente, Arsenal se llevaba la derrota parcial a cuestas, un nervio raro y el segundo tiempo por llegar.

Es claro también que esta Final estaba marcada por la polilla de los dirigentes. Hasta en Argentina dudaron de los dos trabajos arbitrales, a pesar de que Gustavo Alfaro defendió varias jugadas extrañas. Era evidente que Óscar Ruiz, el colombiano, tomaba cualquier decisión confusa a favor de Arsenal.

Cuando menos se esperaba, cayó el gol de Silva y todas las tormentas del mundo cayeron justamente en el estadio de la Final. Los rostros de preocupación eran claros, hasta Diego Armando Maradona en el palco presidencial reía nerviosamente, porque la Copa volaba a México.

Entonces el América era dueño absoluto, gracias a un esfuerzo físico encomiable y la concentración a tope.

El golpe era directo al mentón, un KO caliente. Si Arsenal se jugaba la página más grande de su historia, el América igual, porque a pesar de la diferencia en la jerarquía y el dinero de por medio existente entre ambos clubes, las Águilas necesitan un torneo como este para validar su fama.

Pero se equivocó Daniel Brailovsky. Cuando mejor jugaban las Águilas, decidió jugar la línea de cinco, algo inusual en él y a falta de 20 minutos por terminar el partido, sacó a Rodrigo López e ingresó Ismael Rodríguez a cumplir órdenes específicas. Del otro lado, un cambio que por la premura y el nervio casi nadie pudo atención, Martín Andrizzi, exjugador de Dorados de Culiacán, por Nicolás Villar.

Con un tramo largo que recorrer, las Águilas optaron por atrincherarse hasta el final. Arsenal confundió su relación con la pelota, con su estado de ánimo. Exasperados llegaban y esquizofrénicos disparaban. Todo en calma y el América con la sonrisa furtiva que escondía seguridad.

Pero no mató, sangró al de enfrente pero no asesinó. Arsenal no tiene paciencia y es un equipo que a pesar de no ganar como local en toda la Copa y perder el invicto hasta la Final, tuvo siempre a su favor la contundencia.

En un reflejo de lo que fue su histórico segundo semestre del 2007, Martín Andrizzi se quedó con el balón, tropezó, dos rivales del América le respiraron de cerca, uno de ellos, José Antonio “Gringo” Castro, de gran juego, volvió a fallar, como en el Estadio Azteca, en un punto álgido, aflojó el cuerpo para que le marcaran falta y le mostró la rendija para que Andrizzi disparara. Así ganó Arsenal la Sudamericana, a base de empellones y milagros, esa postal es la sinopsis del logró más importante de su historia.

A un paso del fusilamiento, Ochoa no pudo hacer nada. Por tratar de no perder de vista la pelota se cargó al poste derecho y abandonó esa zona por donde se escurrió la esférica. Fin de la historia.

Luego el descontrol total. El festejo de Martín Andrizzi se juntó con el de varias personas que nada tenían que hacer en el campo, con un espontáneo que quería quitarle la playera a Aníbal Matellán. Es que todos se volvieron locos, la emoción les hizo creer que ahí se acababa el juego y en parte tenían razón, porque el resto fue un sufrimiento total para los americanistas.

Pasó seco el tiempo Arsenal, mejor a pesar de todo, alcanzó por fin la historia. Su capacidad para aprovechar las debilidades del rival fue suficiente y, sobre todo, su máxima cumbre conseguida en la ida en México, ahí obtuvo realmente el título. La Copa les pertenece, aunque hayan tenido miedo y delante de su nombre inscrito en la lista histórica se coloque un asterisco por haber empatado, es algo que el América, a pesar de todo el glamur, no tiene.

Fuente: 
Por Carlos Barrón en Soccermanía Año 6 No. 50, p. 72 – 73.

Comentarios

  1. Pasó seco el tiempo Arsenal, mejor a pesar de todo, alcanzó por fin la historia. Su capacidad para aprovechar las debilidades del rival fue suficiente y, sobre todo, su máxima cumbre conseguida en la ida en México, ahí obtuvo realmente el título.

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