Quedarse para vestir santos

Recordará, querido lector, aquella amenaza que se cernía implacable sobre cualquier mujer que se acercara peligrosamente a los 30 años sin haberse casado. Todos entendíamos que la frasecita era sinónimo de «solterona» o del aún más arcaico «cotorra» que todavía le alcancé a escuchar a algunas amigas de mi mamá pero, ¿Se ha preguntado alguna vez a qué se refiere exactamente «quedarse para vestir santos»?

La expresión, como muchas otras que usamos cotidianamente, nos llegó de España, donde era común que las niñas y jóvenes de familias católicas ayudaran en los quehaceres de las iglesias: limpiar y mantener con flores los altares, prender o apagar los cirios y también cambiar los ropajes de los santos. Cuando las muchachas se casaban, sus nuevas labores como «amas de casa» las mantenían muy ocupadas, por lo que tenían que cesar sus actividades devotas —que retomaban inmediatamente si llegaban a enviudar—. Así, las que no se casaban nunca se quedaban permanentemente al servicio de la iglesia «vistiendo santos».

Cuando la expresión comenzó a utilizarse en México, donde dicha costumbre no estaba tan arraigada entre las mujeres jóvenes como en España, se usaba más bien para hacer alusión a mujeres mayores que al no haber encontrado marido se la pasaban metidas en la iglesia —y en la vida de los demás— bajo cualquier pretexto.

Hay que recordar que antes eran pocas las mujeres solteras por elección. No contraer matrimonio era visto a todas luces como una tragedia, de ahí el carácter amenazador de la frase con la que se conminó a buscar un «buen partido» a varias generaciones de mujeres. No fuera a ser que se quedaran como doña Chabelita, todo el día metidas en la iglesia, sin hijos ni marido que las reclamaran en casa.

Afortunadamente, la mayoría de las mujeres en la actualidad deciden si desean o no casarse y no existe una edad límite para hacerlo. Y aunque las mujeres con actitud de solterona siguen y seguirán existiendo, para muchas ya no es un complejo, porque como decía mi tía Consuelo: «mejor quedarse para vestir santos que para desvestir borrachos».

Fuente:
Por María del Pilar Montes de Oca Sicilia en Revista Algarabía, No. 125, Febrero 2015, p. 94 – 95.

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