Jesús en Galilea. Primera labor

Jesús continúa enseñando a predicar el perdón de los pe­cados mediante la fe en Dios, sin penitencias ni sacrificios y que el Padre que está en los cielos ama a todos sus hijos con el mismo amor eterno, por lo que, cuando reúnen a la gente para hablarles de la palabra de Dios, se maravilla con las enseñanzas y el ministerio de Jesús y sus apóstoles, ya que contrastan con lo qué, los rabinos han enseña­do durante mucho tiempo a los judíos, que los ignorantes no pueden ser ni piadosos ni justos. Pero los apóstoles de Jesús si son piadosos y justos y sin embargo, ignoran ale­gremente gran parte de los conocimientos de los rabinos y de la sabiduría del mundo.

Los discípulos rápido aprenden que el Maestro tiene profundo respeto y consideración por cada ser humano con quien se encuentra y están impresionados por esta consideración democrática e invariable que concede permanen­temente a toda clase de hombres, mujeres y principalmente a los niños. Él es capaz de detener una profunda prédica para ir al encuentro de las personas y darles palabras de aliento, nada es tan importante para Jesús como el ser hu­mano que se encuentra casualmente en su presencia. Es maestro, instructor y también amigo, vecino y compañero comprensivo.

Durante sus prédicas públicas, siempre las interrumpe para responder a las preguntas sinceras, por supuesto, esto provoca que al principio los apóstoles se escandalicen por­que Jesús trata amable, compasivo y comprensivamente a las mujeres, por lo que él les explica perfecta y claramente que, en el reino de Dios como en la Tierra hay que conceder a las mujeres los mismos derechos que a los hombres y de ser posible, con más.


Fuente:
Los Grandes. Jesús, Editorial Tomo, p. 101 – 102.

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