Jesús. Misión pública. La familia

Después del activo periodo de enseñanza y de trabajo per­sonal durante la semana pascual en Jerusalén, Jesús va a descansar un día con sus apóstoles en Betanía y entre otros conceptos, les expresa: "Yo estoy en este mundo viviendo una vida excepcional encarnado y ustedes doce han sido llamados para participar en esta experiencia donadora del Hijo del Hombre; por lo tanto, también tienen que compar­tir muchas de las restricciones y obligaciones especiales de todo este testimonio. El reino de los cielos es una experien­cia que empieza en la tierra y evoluciona en etapas sucesi­vas de vida hasta llegar al Paraíso y no se sorprenda la humanidad si en el futuro del desarrollo del reino, vuelva a visitar este mundo con poder espiritual y gloria divina. La gente de otra época comprenderá mejor el evangelio del reino cuando sea expresado en términos de relación familiar".

Después, Jesús habla ampliamente sobre la familia te­rrenal, con principios y similitudes con la familia celestial, en donde son aplicables, invariablemente, las dos leyes fundamentales de la vida: el amor incondicional por los padres, cabezas de familia y el amor entre los hijos y hermanos, como a uno mismo. Hay que seguir las características esenciales de la vida familiar y su práctica en la relación existente entre Dios y el hombre, por lo que una verdadera familia está fundada, principalmente en:

•  Las relaciones naturales y los fenómenos de semejan­za física están encadenados en la familia, ya que los hijos heredan ciertos rasgos de sus padres. La energía de su personalidad obedece al actuar de los padres. La relación de padre a hijo es característica en toda la naturaleza y rocía todas las existencias vivientes.

•  Confianza y satisfacción. Los padres auténticos ex­perimentan un gran gozo complaciendo las necesidades de sus hijos aunque muchos padres también disfrutan asegurándoles su bienestar.

•  Educación. Los padres sabios planean cuidadosamen­te la educación y la preparación adecuada de sus hijos e hijas desde que son jóvenes, para afrontar adecuadamente los mayores compromisos de la vida," adulta.

•  Disciplina y limitación. Los padres previsores disci­plinan, dirigen, corrigen y restringen, cuando es ne­cesario, a sus hijos jóvenes e inexpertos.

•  Amistad y fidelidad. El padre cariñoso lleva una re­lación íntima y amorosa con sus hijos. Está siempre dispuesto a escuchar sus peticiones y preparado para compartir aflicciones y apoyarlos en sus con­flictos. El padre está totalmente inmerso en el bien­estar gradual de sus hijos.

•  Amor y ternura. Los padres compasivos sencilla­mente perdonan, no alimentan ideas de venganza contra sus hijos, ellos no son como jueces, enemigos o acreedores. Las familias verdaderas están cimen­tadas sobre la tolerancia, paciencia y perdón.

•  Preceptos a futuro. Los padres gustan de legar una herencia para sus hijos. La familia continúa de una ge­neración a la siguiente ya que la muerte sólo acaba con una generación para marcar el comienzo de la próxima, termina una vida individual, pero no necesariamente la de la familia.

Cuando los apóstoles escuchan estas definiciones, re­cuerdan las palabras de Juan durante el bautismo de Jesús, quien es llamado Hijo divino que cuenta con toda la con­fianza del Padre Universal, ha estado con el Padre y lo comprende plenamente, vive su vida terrestre a la entera satisfacción del Padre, lo que le permite entender totalmente a la humanidad.

Fuente: 
Los Grandes. Jesús, Editorial Tomo, p. 118 – 120.

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