La religión de los aztecas

Los aztecas tenían un gran sentimiento religioso; sus costumbres, sus vestidos, sus adornos, sus construcciones, sus cultivos, la guerra, todas sus actividades estaban unidas a la religión.

Adoraban al Sol como dios fundamental. Éste se representaba en dos fases. Como sol del día era Huitzilopochtli, que tenía por ave simbólica el águila, y que, de acuerdo con la idea de aquellos pueblos, cada día nace de la tierra, para batallar con las sombras y vencerlas. El otro sol, dominador de la noche, era llamado Tezcatlipoca, o sea “espejo ahumado”. Su animal simbólico era el tigre.

Huitzilopochtli era uno de los dioses en cuyo honor se hacía la Guerra Sagrada, institución religiosa destinada a conseguir las víctimas humanas con cuya sangre se alimentaba al Sol. Era Huitzilopochtli un dios solar, y también el dios del bien, de la luz y del honor militar. Los aztecas lo concebían en lucha permanente con Tezcatlipoca.

Para no dejar de salir, el Sol, Huitzilopochtli, se veía obligado a vencer cada día, en furiosa lucha, al Dios de las Tinieblas, a Tezcatlipoca. Por eso – pensaban los aztecas –, cada aurora, cada amanecer, el horizonte se tiñe de rojo con la sangre que pierde Huitzilopochtli en esa lucha. Al final del día ocurre otro tanto: Huitzilopochtli es esperado en el poniente por Tezcatlipoca, que lo vuelve a atacar y le causa tantas heridas que también por eso – pensaban los aztecas – el horizonte, al atardecer, se tiñe de rojo con la sangre de Huitzilopochtli.

Por la diaria pérdida de sangre, el Sol, Huitzilopochtli, podría no volver a salir – creían los aztecas –; y ello explica que tomaran sobre sí mismos la obligación heroica de mantener vivo al Sol, entregándole cotidianamente la sangre de las víctimas que en honor del dios sacrificaban en el Templo Mayor de México.

Aparte de esas ideas fundamentales, entre los aztecas sobrevivía la religión antigua, que era la de un pueblo agrícola. Veneraban al dios de la lluvia, autor de la vida, llamado Tláloc. En esta forma de concepción religiosa – la más antigua de la esta región central –, los sacrificios eran de flores, aves, mariposas o culebras. A Tláloc no le hacían sacrificios humanos.

De acuerdo con una concepción muy antigua, la religión de los aztecas concebía a sus dioses como parejas de seres superiores: un dios de la luz y uno de las tinieblas; un dios femenino y uno masculino. De ahí que hallamos entre ellos una compañera a cada dios. Por ejemplo: a Tláloc lo acompaña Chalchiutlicue, “la que tiene falda de piedras preciosas”; a Huitzilopochtli lo acompaña Coatlicue, “la que tiene falda de serpientes”, que a veces es llamada madre, hermana o consorte del dios.

Para el culto y el servicio de sus dioses, los aztecas tenían un cuerpo sacerdotal muy numeroso y bien organizado, cuya misión no era tan solo la religiosa. Incumbía a los sacerdotes guardar las tradiciones, educar a los niños y los jóvenes, elaborar los libros, componer los cantos, medio de conservar las tradiciones y las creencias, y mantener viva una escritura propia que se perdió totalmente.

Asimismo, los sacerdotes interpretaban los signos de los diferentes calendarios. De estos había dos:

Uno de 260 días, otro de 365 días.

La fecha inicial de esos dos calendarios coincidía cada cincuenta y dos años, y para celebrar esa coincidencia se efectuaba una fiesta: la del Fuego Nuevo.

Fuente:

Generación 1960. Mi libro Historia y Civismo. Tercer Grado, Ed. Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, p. 58 – 59.

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