La Guerra por la Independencia. Principales batallas de la campaña de Hidalgo

Batalla del Monte de las Cruces.

De Valladolid, los insurgentes avanzaron sobre Zitácuaro, que también tomaron, y siguieron luego hasta Toluca, para dirigirse hacia la Ciudad de México.

El ejército de Hidalgo se componía ya de ochenta mil hombres. Para cerrarle el paso vino a su encuentro una columna de soldados realistas, es decir, del gobierno del virrey, mandada por el brigadier Torcuato Trujillo. Las dos fuerzas se enfrentaron en el monte de las Cruces, que es una de las montañas que dividen del valle de Toluca el valle de México, y los insurgentes, dirigidos por Allende, ganaron la batalla, que fue dura y sangrienta.

Aquella victoria abría a los rebeldes las puertas de la capital de México, pero Hidalgo, contra la opinión y deseos de Allende y de la mayor parte de la tropa, dispuso que se retrocediera, dando como razón sus temores de que el grueso del ejército realista, mandado por Félix María Calleja, estuviese ya en camino para flanquear a los insurgentes, y que entonces éstos, entrando en la capital, quedaran atrapados allí por falta de recursos.

Batalla de Aculco.

En efecto, Félix María Calleja, al frente de un numeroso ejército, salió al paso de los insurgentes y los derrotó y dividió en la batalla de Aculco. Entonces Hidalgo se dirigió a Valladolid, y Allende, en marcha hacia Guanajuato, fue alcanzado de nuevo por Calleja y derrotado.

Entre tanto, el insurgente José Antonio Torres había tomado la ciudad de Guadalajara. A ella llegaron los principales jefes insurgentes y allí organizó Hidalgo su gobierno.

Batalla del Puente de Calderón.

En las cercanías de Guadalajara combatieron una vez más los ejércitos de Hidalgo y Calleja. Estaba indecisa la victoria cuando una granada estalló sobre un carro de municiones de los insurgentes. El pánico que esto les produjo, pues casi todos eran soldados improvisados, causó entre ellos gran desorden, los dispersó y ocasionó la derrota.

Hacienda de Pabellón.

En vista de los últimos fracasos, se dispuso que, en lo sucesivo, el mando del ejército quedara en manos de Allende, soldado profesional.

Sucedió esto en la Hacienda de Pabellón, cerca de Aguascalientes.

Poco después los jefes principales decidieron ir a los Estados Unidos en busca de recursos para la guerra, y a Ignacio López Rayón se le nombró jefe del movimiento.

Fuente:
Generación 1960. Mi libro Historia y Civismo. Cuarto Grado, Ed. Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, p. 55 – 56.
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