Apenas asomaban las primeras notas del himno haitiano en el Azteca cuando la rechifla apareció proveniente de las gradas de admisión general; los aficionados con boletos numerados trataron de callar a los rebeldes de las alturas, pero fue en vano. Y es que el odio hacia los caribeños no tiene límites; después de la eliminación para el Mundial de 1974 que tuvo como escenario Puerto Príncipe, ésta era una oportunidad única para cobrar venganza al inicio de la fase final eliminatoria rumbo a Argentina 1978.
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