Según el principio de la ventaja comparativa, cuando las naciones se especializan, el nivel de producción mundial se maximiza. El libre comercio no sólo mejora el bienestar mundial, sino que también beneficia a cada una de las naciones participantes. Cada país puede sobrepasar los límites de su capacidad productiva consumiendo una combinación de bienes mayor a la cantidad que podría producir de manera aislada.
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