En 1930, un inventor húngaro observó cómo unos niños jugaban con canicas sobre un charco, notando que las bolitas dejaban un rastro de agua a su paso. Así surgió la idea: ¿Por qué no usar una punta de metal en forma de bola para escribir? Así nació el bolígrafo. László József Biro compartió su idea con su hermano György, un químico, y juntos comenzaron a investigar y experimentar para crear un nuevo tipo de pluma basado en este concepto.
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