Las calles de Ámsterdam fueron invadidas por cientos de holandeses que salieron a celebrar con bailes, vítores y llantos de alegría. Con los rostros pintados, los aficionados neerlandeses ondearon banderas color naranja y corearon al unísono los nombres de sus ídolos. Y no era para menos, Holanda había alcanzado por primera ocasión la cima del fútbol europeo en la misma cancha en la que 14 años atrás perdió la Final de la Copa del Mundo.
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