Champions League 1997 – 1998. Y 32 años después…

Luego de que el Real Madrid ganara su sexta Copa de Europa se abrió un amplio compás de espera para lograr la séptima; tanto tiempo pasó que fue un hijo de los campeones de 1966 quién levantó la Orejona en 1998, un trofeo recordado por el augurio que tuvo Pedja Mijatovic antes de la final.

La madrugada del 20 de Mayo de 1998 fue tranquila para casi todos los jugadores del Real Madrid, en Zeits. En ese centro deportivo, ubicado en Utrecht, a 15 minutos de Ámsterdam, los Merengues se concentraron antes de la final de la temporada 1997 – 1998 de la Champions League que jugarían contra la Juventus. El sosiego fue para casi todos, menos para Predrag Mijatovic, quien entre sus compañeros tenía fama de dormilón. Sin embargo, esa noche el delantero yugoslavo no pudo conciliar el sueño.

Había dormitado una media hora cuando volvió a despertar, sobresaltado. El reloj marcaba la una y media de la mañana. Se recostó unos segundos, pero no aguantó la ansiedad y se dirigió a la cama de Davor Suker, su compañero de habitación, quien estaba profundamente dormido.

“Davor, Davor… vas a decir que estoy loco, pero me siento como iluminado y estoy seguro de que vamos a ganar esta séptima Copa de Europa”, le dijo Mijatovic.

No sólo Predrag tuvo esa premonición. En otro cuarto, un día antes, Fernando Redondo había despertado a las nueve de la mañana y sin importarle que Raúl aún durmiera le había hablado en voz alta: “Raulo, ¿Te das cuenta de que mañana podemos ser campeones de Europa?”. El madrileño despertó, se frotó los ojos y notó la emoción en el rostro del mediocampista argentino.

Esa ansiedad de los jugadores por ganar la Champions derivaba de la necesidad histórica que tenía el Real Madrid por volverse a coronar a nivel europeo, algo que no hacía desde hacía 32 años. En aquella pasada ocasión, en Bruselas, había ganado la última de seis Copas conseguidas en un lapso de 11 años, y para ello estuvo involucrado Manuel Sanchís, cuyo hijo Manolo estaba en el equipo que buscaba ganar la séptima Copa Europea.

De Capello a Heynckes.
Pese a las sensaciones optimistas de Mijatovic y Redondo, el ambiente interno del Madrid no era sano. El técnico del equipo, el alemán Jupp Heynckes, de carácter afable, no tenía química con algunos jugadores, como el experimentado Fernando Hierro o el joven Raúl, quienes preferían la personalidad del italiano Fabio Capello, con quien habían ganado el título de liga de la temporada 1996 – 1997. “Me gustan los técnicos con ideas claras, como Jorge Valdano, Javier Clemente o Capello, gente que me deja enseñanzas”, comentó Raúl sin mencionar el nombre de su entrenador germano.

Y es que fue precisamente Capello quien dos años atrás había conformado a este Madrid que estaba a punto de consagrarse en Europa. En 1996, en cuanto el italiano tomó el banquillo, Lorenzo Sanz, presidente del club, le solicitó ganar la liga y la Champions. Para lograrlo el General pidió a jugadores como Roberto Carlos, Clarence Seedorf, Davor Suker y Mijatovic, y unió a estos futbolistas con los hechos en casa, como Hierro, Sanchís y Raúl. Sin embargo, sólo cumplió con el título de liga y un año después renunció debido a que su relación con Sanz se había deteriorado.

Entonces Heynckes fue nombrado técnico. Y desde su llegada a Chamartín percibió el anhelo generalizado. “Después de 32 años, los jugadores solo pensaban en ganar la Champions, no había día en el que no la mencionaran”, rememora.

A pesar del buen paso en Europa, el Madrid dio malos resultados a nivel local: terminó en cuarto lugar general y fue eliminado en los octavos de final de la Copa del Rey. Por lo que ganar la Orejona era lo único a lo que podía aspirar el club madridista.

El hijo de una leyenda.
Uno de los jugadores de casa era Manolo Sanchís, hijo de Manuel, defensor que había estado presente en la obtención de la última Copa Europea de clubes con el Real Madrid en 1996. Él sí congeniaba con Heynckes y destacó su trabajo: “Sabía equilibrar la defensa con el ataque y la habilidad de cerrarse o abrirse cuando era necesario”.

Para esa final de 1998, Sanchís, quien estaba a punto de cumplir 33 años, era el único jugador que quedaba de la llama Quinta del Buitre, camada que obtuvo cinco títulos de liga, una Copa de la Liga y dos Copas UEFA, en la década de los 80, pero jamás pudo ganar la Copa de Europa. Él era el más consciente de la presión histórica luego de haber pasado 15 años en el club. “Lo más cerca que he estado de ganarla fue en la semifinal que perdimos contra el PSV en 1988 por los goles como visitante”, se lamentaba Sanchís en una charla con Fernando Hierro.

Una prueba de fe.
Enfrente el Madrid tendría a la Juventus que con Marcello Lippi disputaría su tercera final en fila en este torneo. El club turinés recién había obtenido un bicampeonato en la Serie A con una cifra récord de 74 puntos. Y en esta Champions había tenido también la mejor ofensiva con 23 tantos, 10 de ellos de Alessandro del Piero, quien terminó como líder de goleo, y con Zinedine Zidane como jefe en el mediocampo.

Esos blasones le permitieron a Lippi hablar con seguridad ante las cámaras y micrófonos un día antes de la final de Ámsterdam: “Si el Real Madrid quiere ganar, tendrá que hacer un partidazo  porque nosotros vamos a jugar muy bien”.

El día decisivo llegó y mientras el camión en el que iban los integrantes del Madrid rodaba rumbo al Amsterdam Arena, Mijatovic hacía una reflexión: “Hoy puedo ser campeón de Europa sin haber marcado un solo gol en la competición”. Sin embargo, se dio ánimos a sí mismo tras recordar la revelación que había tenido apenas unas horas antes y agregó: “Queda la final, creo que ese partido está escrito para mí. Ahí marcaré”.

Ya en los vestidores del estadio, los jugadores merengues se preparaban para el juego. Mijatovic, por ejemplo, se colocó una medallita de San Basilio entre la calceta y la espinillera en su pierna izquierda. Tenía la sensación de que de esa forma se acercaba más al gol.

Esa fe y la sensación de sentirse iluminado pareció tener efecto en el yugoslavo, pues, al minuto 67 recuperó en el área chica un disparo de Roberto Carlos que había sido rechazado, y fue precisamente con la zurda con la que, tras driblar al portero Angelo Peruzzi, metió el gol con el que el Real Madrid se coronó. “No esperaba marcar tan fácilmente”, declaró Predrag terminado el juego.

Con la misma seguridad con la que le advirtió al Real Madrid un día antes sobre lo difícil que sería ganarle a la Juve, Lippi, al verse derrotado, reconoció: “Hicimos un partido muy malo, no tuvimos la pelota y tiramos poco al arco. El Madrid ha jugado mejor y es justo campeón”.

En tanto que su contraparte, Heynckes, se fundió en un abrazo con el presidente del Madrid, Lorenzo Sanz, abrazo que no significó su continuidad, pues el jefe ya lo había dicho con anterioridad: “Pase lo que pase en la final se buscará otra opción en el banquillo”.

Quien estaba visiblemente emocionado era Sanchís, pues fue él quien recibió la séptima Orejona. Y con lágrimas en los ojos recordó a sus compañeros de la Quinta del Buitre: “Esta Copa se la dedico a Míchel, Emilio [Butragueño], Rafa [Vázquez] y Miguel [Pardeza], con quienes luché para conseguirla y no la logramos”. Su alegría era mayor, estaba consciente de que su apellido volvía a hacer historia como lo había hecho su padre 32 años atrás. “Ahora, al ganar esta Champions, ya me puedo sentar con él a discutir de futbol”, dijo.  



Fuente:
Publicado en Futbol Total. Historia de la UEFA Champions League. 1992 - 2013, Editorial Grupo Medios, p. 28 – 31.








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