Iniciación de Jesús

Para la importantísima labor que llevará a cabo, Jesús tiene que prepararse en todos los sentidos, para esto, toma dos decisiones muy importantes, la primera, viajar a todas las ciudades del mundo conocido que pueda y segunda, llevar a cabo un periodo de preparación física, mental, espiritual y divina que le permita su participación pública con la certeza de que sus palabras serán escuchadas no sólo en territorio judío sino en todo el orbe.


Parte a ciudades como Alejandría, Atenas, Tebas, Roma, Corinto y muchas más que le permite conocer toda la gama de la naturaleza humana con sus virtudes, vicios, aciertos y defectos; diferentes formas y niveles de pensamientos, de ver la vida, de actuar en ella, la disparidad entre religiones y también sus similitudes, todo ello enriquece a Jesús ya que le abre, literalmente, el mundo contemporáneo para cambiar su futuro a costa del sacrificio propio. Las personas que lo conocen adivinan o intuyen en él esa sabiduría que muy pocos han alcanzado antes y después de la vida de Jesús.

De ese aprendizaje, el hijo de Dios hecho Hombre goza más de los pequeños detalles, como lograr una sonrisa de algún niño o la satisfacción de la comprensión de sus palabras en personas con mente abierta; desde luego, no goza de bienes materiales sino que los utiliza según la ocasión y sin ostentación alguna, su sencillez es manifiesta hasta cuando no está presente. Es así como se forma el temple Jesús, su contacto con los humanos lo hace más humano a él, los comprende pero no justifica sus actos malvados y malignos de envidia, egoísmo, lujuria, venganza, intolerancia, cobardía, abusos de poder, asesinatos y demás, pero esa es, precisamente, su labor más importante, redimir a los extraviados y no ensalzar a los buenos de corazón, pues ellos no necesitan mayor estímulo, sus almas están protegidas por otras entidades celestiales.

Sin embargo, esta parte ya cubierta no lo es todo, falta la propia elevación espiritual de Jesús, esa parte en la que únicamente él es discípulo y maestro de sí y requiere de todo un ritual de iniciación que no es fácil de encontrar, por lo que su mente encuentra pronto una respuesta, acudir con los Maestros esenios, ya que solamente con ellos puede lograrlo.

Los esenios son personas que se separan del judaísmo tradicional formando un grupo (secta, en el sentido estricto de la palabra, que significa formación y separación de un grupo pequeño de uno más grande) que va más allá de la ortodoxia dogmática antes y durante tiempos de Jesús. Viven en comunidades monásticas, llevan una vida austera completamente, no consumen bebidas alcohólicas y practican la comunidad de bienes, es decir, todos trabajan para todos sin que nadie acumule de más o quiera sacar provecho o ganancia de esas actividades.

Esta agrupación constituye una fraternidad monástica, teniendo como centro de actividades las cuevas de Qumram, a orillas del Mar Muerto, cerca de Hebrón y de las legendarias tumbas de Abraham, Isaac y Jacob, incluso de Adán y Eva. Los esenios son hombres piadosos, justos y humildes, unidos por decir siempre la verdad a costa de lo que sea, sin importar las consecuencias, castigando a los embusteros, ladrones y mentirosos, y nunca pelean por dinero o alguna otra ganancia material, No tienen contacto sexual, aunque existen algunos otros grupos donde es bien aceptado el matrimonio.

Los esenios creen en el alma inmortal, que después de morir, las almas puras se elevan al espacio hasta llegar más allá del océano, a un lugar donde impera una eterna primavera y sopla una agradable y suave brisa desde el mar. Las almas impuras están destinadas a una especie de infierno, un lugar oscuro, helado donde sufrirán tormentos durante mucho tiempo. Esta separación está muy marcada entre los esenios, ya que distinguen de raíz los dos únicos mundos existentes antes y después de la muerte, los que siguen el camino de la Verdad, practican la rectitud y la humildad, están bajo la protección del Príncipe de la Luz, por lo que caminan por senderos de luminosidad, los demás están bajo la esclavitud del Ángel de las Tinieblas.

Para este grupo especial de judíos separados, su iniciador es un Maestro de Justicia que ha sido sacrificado cien años antes que ellos por los ortodoxos, ¿Su nombre? Melquisedec.

Antes de finalizar la primera mitad del siglo XX, concretamente en 1947, son descubiertos en Qumram, muy cerca del Mar Muerto, unos manuscritos que contienen el ‘Manual de la Disciplina’, libro que da a conocer al mundo la vida en comunidad de los esenios. Posteriormente, estos escritos son conocidos como ‘Los Rollos del Mar Muerto’ y se cree, ya que no se ha dado a conocer su contenido íntegramente, que contienen la verdadera historia de Jesucristo, que no es la misma que la iglesia católica ha hecho creer a la gente durante siglos; sin embargo, esto no ha sido confirmado, pero a pesar de ello, es importante tener en mente que cuando “Los Rollos del Mar Muerto hacen ruido, verdades llevan”.

Con estos antecedentes y siendo los esenios disidentes del judaísmo ortodoxo, Jesús se identifica y acerca con ellos para su iniciación en áreas esenciales de su vida terrena; los evangelios no mencionan nada al respecto y únicamente hacen referencia de ello a partir del encuentro de Jesús con Juan el Bautista, quien lo inicia, a través del bautismo precisamente, para que tome posesión de su ministerio y de inmediato aparezca en Galilea con una doctrina bien definida y determinada, con la seguridad de un profeta y la conciencia de ser el Mesías.

Esta palabra de origen arameo significa ‘el ungido que equivale al christós’ griego y también tiene las acepciones de ‘Siervo de Yaveh’, ‘Hijo del Hombre’, ‘Salvador’. En el judaísmo, Mesías se aplica a un salvador descendiente de David, anunciado por profetas y enviado por Dios para liberar a los judíos de la dominación extranjera y establecer un reinado de justicia, paz y prosperidad, por estas razones, alguien tan especial es fervientemente esperado, aún en el tiempo actual, por el pueblo israelí, pero que no reconocen en la figura de Jesús, al contrario de los cristianos quienes creen que con Jesucristo se cumplen las profecías del Antiguo Testamento y que él es el mesías esperado.

Los esenios deben su nombre a la palabra de origen sirio Asaya, que significa, médicos y terapeutas, porque su finalidad terrenal es sanar enfermedades físicas y morales, con la utilización y gran conocimiento de plantas y minerales, según comenta Josefo y en cuanto a la ley de predicción, Manahem le dice a Herodes que logrará ser rey y Filón argumenta que sirven a Dios con mucha piedad, sin ofrecer víctimas sino santificando espíritus, por lo que huyen de las ciudades para dedicarse a la paz, no conocen la esclavitud física ni de pensamiento, ya que son libres y trabajan todos para todos.

La iniciación y preparación de Jesús para cumplir su destino como ‘Hijo de Dios’ se da en la única comunidad que conserva las verdaderas tradiciones del pueblo de Israel, los esenios, quienes ven más allá de la interpretación casi maniquea de los textos sagrados y descubren el enlace de la vida y los seres vivos por medio de su espíritu y esta estrecha relación se logra porque Jesús combate con singular énfasis a los partidos religiosos de su época sin intentar siquiera mencionar una sola palabra ya no a favor sino en contra de los esenios, de igual forma evangelistas y apóstoles tampoco hablan de ellos y esto se debe a que los consideran como parte importante de los suyos o, lo que es más, aquéllos son parte inseparable de este pueblo sectario de judíos a tal grado que llegan a fusionarse en uno solo, el cristianismo.

Los esenios forman, hace dos mil años, la última cofradía, el último bastión de profetas organizados por Samuel, ya que el despotismo de los villanos de Palestina, la envidia de un sacerdocio ambicioso y servil como el que integran el Sanedrín, los lanzan al retiro, silencio y meditación, a olvidar batallas con armas contra los enemigos de Israel y su única y mayor virtud y actividad es conservar la tradición pura y sin desvíos como no la están llevando a cabo los sacerdotes de las ciudades.

Para lograr su propósito se concentran en dos sitios principales, uno en Egipto, en la orilla del lago de Maoris y otro en Palestina, en Engaddi, a orillas del Mar Muerto y esto no es casualidad, ya que se cree que Jesús pasa varios años en el enclave de los esenios en Egipto, precisamente en las pirámides, para llevar a cabo ritos de iniciación y preparación para su labor ya próxima de darse a conocer al mundo de entonces.

Por su parte, los esenios escriben y mantienen en jarras muchos rollos con la que parece ser la verdadera historia de Jesús y que luego son guardadas en una cueva de Qumran para ser descubiertos casi dos mil años después y dada la importancia de los escritos, tanto judíos como quienes han tenido acceso a estos valiosos documentos, no han dado a conocer al mundo su verdadero contenido, ¿Será porque tal vez Jesús si es el Mesías esperado por los israelitas y estos continúan negándolo?, y que ¿Las iglesias cristianas, encabezadas por el catolicismo, han deformado el carácter redentor, místico, divino, humano y amoroso de Jesucristo fundando una iglesia a la que ‘El Hijo de Dios’ nunca aspiró a formar?     



Fuente:
Los Grandes. Jesús, Editorial Tomo, p. 53 – 60.










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