Juventud de Jesús

Cuando Jesús cuenta con veinte años o un poco más, encuentra en el “Libro de Enoc” un pasaje que lo incita a adoptar la expresión “Hijo del Hombre” para designarse durante su misión evangelizadora. Estudia cuidadosamente el concepto muy arraigado del Mesías judío y está firmemente convencido de que él no está destinado a ese papel ni personaje. Desea con el corazón ayudar al pueblo de su padre, pero nunca piensa ni desea estar al frente del ejército judío para liberar a Palestina de la dominación extranjera y principalmente, la romana. Tampoco cree que su misión como liberador espiritual o educador moral se limitará exclusivamente al pueblo judío, así entonces, la misión de su vida no puede ser de ninguna manera el cumplimiento de deseos y supuestas profecías mesiánicas de las escrituras hebreas, al menos no de la manera en que los judíos comprende estas predicciones de los profetas.

Pero la semilla ya está en la mente de Jesús, continúa leyendo una y varias veces la expresión en el “Libro de Enoc” en el que es descrita la forma en que debe hacer su labor en la tierra. Antes de descender al plano terrenal para aportar la salvación a la humanidad, debe cruzar los atrios de la gloria celestial con su Padre, Dios, quien es el Padre de todos y debe renunciar a toda grandeza y gloria para descender a la tierra y proclamar la salvación a los mortales necesitados.

A medida que Jesús lee estos pasajes siente en su corazón y reconoce en su mente que, de todas las predicciones mesiánicas de las escrituras hebreas y de todas las teorías sobre el libertador judío, ninguna se acerca tanto a la verdad como esta historia y esto es lo que hace cuando empieza su obra pública. Por esta época, ya ha decidido muchas cosas relacionadas con su futura labor en el mundo, pero no dice nada de estas cuestiones a su madre, quien continúa creyendo firmemente que él es el Mesías judío.

Jesús pasa por profundos períodos de meditación, son frecuentes sus caminatas a lo alto de la colina para orar y despejar su atribulada mente, ha aprendido a no expresar todos sus pensamientos, a no exponer todas sus ideas al mundo. A partir de este momento, sus informaciones sobre lo que pasa por su mente van reduciéndose cada vez; es decir, habla menos sobre cuestiones que las personas comunes no comprenden y esta situación excepcional lo obligan a soportar solo el peso de su carga.

Pero al cabo de un tiempo, Jesús también debe emprender su camino lejos de su familia y lo hace saber a su madre, quien, no sin angustia en su corazón, lo deja partir en secreto hacia Engaddi, donde será acogido como hermano, saludado como elegido que es y rápidamente adquirirá de sus maestros un invencible ascendiente por sus facultades superiores, ardiente caridad y ese algo divino que difunde todo su ser. Recibirá de ellos lo que nada más los esenios pueden darle, la tradición esotérica de los profetas y como consecuencia, su  orientación histórica – religiosa.


Fuente:
Los Grandes. Jesús, Editorial Tomo, p. 49 – 51.








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