La Guerra por la Independencia. Prisión y muerte de los principales jefes insurgentes

El teniente coronel Ignacio Elizondo, que había sido realista, se unió al bando de los insurgentes, y en el lugar llamado Las Norias de Baján, perteneciente al hoy Estado de Coahuila, los traicionó. Tomó prisioneros a Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo y Jiménez.

Conducidos a Chihuahua, se les procesó y sentenció a muerte. Abasolo, por las gestiones de su esposa, pudo evitar que se le ejecutase, y preso, lo condujeron a España. Allende, Aldama y Jiménez fueron fusilados. A Hidalgo, degradado de su dignidad eclesiástica, se le fusiló también, el 30 de Julio de 1811. Hubo algo más terrible: las cabezas de los cuatro héroes ajusticiados fueron llevadas a la alhóndiga de Granaditas y colocadas allí, dentro de sendas jaulas de hierro, en las cuatro esquinas del edificio, para escarmentar, se dijo, a quienes intentasen seguir la guerra.

Hidalgo, patriarca de la libertad, había renunciado a todo por la independencia. Dejó la vida tranquila a que tenía derecho por su edad, y por la profesión que ejercía, para servir a un propósito grande. Luchó por destruir la esclavitud; le ofendía la sumisión en que vivían los indios y la desigualdad de las clases postergadas, y se puso a la cabeza de todos para redimirlos. En suma: quería la libertad espiritual y el bienestar económico de México, y se esforzó por suprimir los obstáculos que se oponían a ese progreso de su patria.

Hidalgo cayó vencido; pero su memoria, viva en todos los mexicanos, nos alienta a perseverar en la obra, indispensable, que asegure, con la paz y el trabajo, la independencia a que dedicó él su sacrificio.


Fuente:
Generación 1960. Mi libro Historia y Civismo. Cuarto Grado, Ed. Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, p. 56 – 57. 
App CONALITEG Digital. Generación 1960. Cuarto Grado. Mi libro Historia y Civismo.


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