México 1986. Terremoto albiceleste

Diego Armando Maradona condujo con golpes de maestría y habilidad los destinos de Argentina, que se impuso a Alemania en la final.

En la repentina designación de la Copa Mundial de Futbol de 1986 para México como país organizador, tras la declinación de Colombia, se especuló de intereses entre los altos directivos de la FIFA.

Lo cierto es que la segunda sede estuvo a punto de declinar su candidatura por el terremoto de 8.5 grados Richter que sacudió a la Ciudad de México el 19 de Septiembre de 1985. Nueve meses antes de iniciar la justa.

Los mexicanos se supieron sobreponer a la desgracia y el balón rodó el 31 de Mayo de 1986 en el Estadio Azteca, con el cotejo inaugural entre Bulgaria e Italia.

Un hombre de apenas 1.60 metros de estatura y el número 10 en la casaca, fue capaz de cimbrar el Azteca con mayor intensidad que el sismo que azotó la región.

Argentina, de la mano de su figura Diego Armando Maradona, levantó la Copa. Ni la Francia de Platini; Brasil de Zico y Careca o la España de Butragueño, tuvieron la misma solvencia que los pamperos.

La justa contó con dos sorpresas en su primera fase, México y Marruecos clasificaron a la segunda etapa como líderes de grupo. En los Octavos de Final, la tierra comenzó a retumbar nuevamente cuando los albicelestes dieron cuenta de Uruguay por la mínima diferencia, y es ahí donde se empieza a formar el camino hacia el título.

Los sudamericanos se portaron herméticos con la prensa durante la primera fase del torneo, sin dar declaración alguna, pero esto cambió al salir avantes en el clásico de La Plata, ya que sentían que podían ser campeones, así lo afirmaron Carlos Bilardo y Daniel Batista el 16 de Junio en Puebla.

El epicentro del sismo que estaba por avecinarse fue el Estadio Azteca. El cotejo de Cuartos de Final entre Argentina e Inglaterra fue donde se sintió la peor sacudida y dio muestra de su poder. Las viejas rencillas política por el conflicto armado derivado de las Islas Malvinas que habían sustraído los ingleses a los pamperos, salió a relucir, pues el tema estaba en la boca de los periodistas, a lo que Diego respondió de una manera poco agradable, “es una locura de todos, esto de las Malvinas y el desquite. Nosotros vamos a jugar una partida de futbol y nada más”.

Los ánimos se encendieron desde las afueras del estadio, las barras bravas argentinas propinaron una golpiza a los hooligans ingleses y los despojaron de sus banderines como trofeos, para adjudicarse el emblema de ser los aficionados más violentos del futbol mundial.

Los americanos cambiaron el estilo de juego por el toque y la gambeta, que fueron mortíferos para los británicos y, quienes sintieron el poder de la escuela sudamericana y la habilidad del pequeño astro que al 54’ marcó un gol con la mano en un balón dividido por el aire con el arquero Peter Shilton, en un centro de Jorge Valdano. Sin embargo, la réplica del sismo se dio tres minutos después y fue la más devastadora. El ‘Pelusa’ tomó la pelota en el mediocampo por la banda derecha y fue eludiendo rivales hasta meterse a la cocina y marcar el segundo tanto en una enorme muestra de habilidad y técnica en la conducción del balón. Los ingleses acortaron la diferencia al 80’ por medio de Lineker, pero no les alcanzó el tiempo y tuvieron que regresar a casa para resarcir los daños.

“No ha sido el gol más bonito que he anotado, pero sí el más importante porque pasamos a Semifinales, ya que luego del gol que nos anotó Inglaterra, ese segundo mío marcó diferencia”, comentó Diego Armando Maradona a los medios.

Tras calificar a la siguiente ronda, tenían que sacar la casta por el continente, ya que Brasil y México habían caído en penaltis en sus respectivos encuentros.

Nada puede detener el poder de la naturaleza y eso mismo pasó con el talento del delantero del Nápoles, quien devastó las aspiraciones de Bélgica por llegar a disputar una Final con dos tantos.

El Azteca volvió a presenciar el derroche de talento de Maradona, quien conseguiría el título, cuatro días después ante Alemania Federal. No anotó, pero asistió a Burruchaga para poner cifras definitivas de 3 – 2.

“El triunfo significó lo máximo, porque no sabía qué se siente ser Campeón del Mundo. Además, es poder brindarles una alegría a muchos millones de argentinos, que sí creyeron en nosotros, el haber correspondido a la confianza que en mí depositó Bilardo al designarme capitán del equipo”, señaló el entonces monarca mundial, mejor jugador del orbe en ese momento, pues México 1986 fue para los albicelestes.


Fuente:
Por Enrique Pérez en Récord Especiales, ‘Todo sobre Sudáfrica’, Ed. Notmusa, p. 102 – 103.

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