Los Espíritus creativos del universo local

Mucho de lo que se refiere a la naturaleza y función de los Espíritus Creativos del universo local pertenece más correctamente a la narrativa de su asociación con los Hijos Creadores en la organización y gestión de las creaciones locales; pero existen muchos rasgos de las experiencias pre-universo local de estos seres maravillosos que se pueden narrar como parte de esta disertación sobre los siete grupos de Espíritus Supremos.

Conocemos seis fases de la carrera del Espíritu Materno de un universo local, y mucho especulamos sobre la probabilidad de una séptima etapa de actividad. Estas diferentes fases de existencia son:

1. Diferenciación inicial en el Paraíso. Cuando un Hijo Creador es personalizado por la acción conjunta del Padre Universal y del Hijo Eterno, ocurre simultáneamente en la persona del Espíritu Infinito lo que se conoce como la “reacción suprema de complemento”. No comprendemos la naturaleza de esta reacción, pero comprendemos que designa una modificación inherente en aquellas posibilidades personalizables que están comprendidas dentro del potencial creador del Creador Conjunto. El nacimiento de un Hijo Creador coordinado señala el nacimiento dentro de la persona del Espíritu Infinito del potencial de creación de una consorte futura en el universo local de este Hijo del Paraíso. No conocemos esta nueva identificación prepersonal de entidad, pero sabemos que este hecho se encuentra en los registros en el Paraíso concernientes a la carrera de dicho Hijo Creador.

2. Capacitación preliminar en las facultades de los Creadores. Durante el prolongado período de capacitación preliminar de un Hijo Micael para la organización y administración de los universos, su futura consorte desarrolla ulteriormente la entidad y se torna consciente del destino de grupo. No lo sabemos de hecho, pero sospechamos que dicha entidad consciente de grupo se torna consciente del espacio y comienza esa capacitación preliminar que es requisito para la adquisición de pericia espiritual en su tarea futura de colaboración con el Micael complementario en la creación y administración del universo.

3. La etapa de creación física. En el momento en que el Hijo Eterno encarga a un Hijo Micael la tarea de creación, el Espíritu Rector que dirige el superuniverso al cual está destinado este nuevo Hijo Creador expresa la “oración de identificación” en presencia del Espíritu Infinito; y por primera vez, la identidad del futuro Espíritu Creativo aparece como diferenciada de la persona del Espíritu Infinito. Y procediendo directamente hacia la persona del Espíritu Rector solicitante, esta entidad se pierde inmediatamente en nuestro reconocimiento, tornándose aparentemente parte de la persona de ese Espíritu Rector. El Espíritu Creativo recién identificado permanece con el Espíritu Rector hasta el momento de la partida del Hijo Creador hacia la aventura del espacio; en ese momento, el Espíritu Rector entrega a la nueva consorte-Espíritu a los cuidados del Hijo Creador, administrando al mismo tiempo a la consorte-Espíritu el encargo de fidelidad eterna y lealtad sin fin. Luego ocurre uno de los episodios más profundamente emocionantes en el Paraíso. El Padre Universal habla en  reconocimiento de la unión eterna del Hijo Creador y del Espíritu Creativo y en confirmación de la dotación de ciertos poderes conjuntos de administración por parte del Espíritu Rector de jurisdicción superuniversal.

El Hijo Creador y el Espíritu Creativo, unidos por el Padre, salen luego hacia su aventura de creación universal. Y trabajan juntos en esta forma de asociación durante todo el largo y  arduo período de la organización material de su universo.

4. La era de creación de vida. Cuando el Hijo Creador declara su intención de crear vida, comienzan en el Paraíso las “ceremonias de personalización”, en las que participan los Siete Espíritus Rectores y que son experimentadas personalmente por el Espíritu Rector supervisor. Ésta es una contribución de la Deidad del Paraíso a la individualidad de la consorte-Espíritu del Hijo Creador y se hace manifiesta al universo en el fenómeno de la “erupción primaria” en la persona del Espíritu Infinito. Simultáneamente con este fenómeno en el Paraíso, la consorte-Espíritu del Hijo Creador que hasta ese momento había sido impersonal se vuelve, para todo propósito e intento práctico, una persona auténtica. De ahí en adelante y para siempre, este mismo Espíritu Materno del universo local será considerado una persona y mantendrá relaciones personales con todas las huestes de personalidades consecuentes a la creación de la vida. 

5. Las edades posteriores al autootorgamiento. Otro cambio importante ocurre en la carrera sin fin de un Espíritu Creativo cuando el Hijo Creador regresa a la sede central del universo después de completar su séptimo autootorgamiento y posteriormente a su adquisición de la plena soberanía universal. En esa ocasión ante los administradores reunidos del universo, el Hijo Creador triunfador eleva al Espíritu Materno Universal a la cosoberanía y reconoce a la consorte-Espíritu como su igual. 

6. Las edades de luz y vida. Cuando se establece la era de luz y vida, la cosoberana de un universo local ingresa en la sexta fase de la carrera de un Espíritu Creativo. Pero no podemos describir la naturaleza de esta gran experiencia. Estas cosas pertenecen a una etapa futura de la evolución de Nebadon. 

7. La carrera no revelada. Sabemos de estas seis fases de la carrera de un Espíritu Materno de un universo local. Es inevitable que nos preguntemos: ¿Existe una séptima carrera? Sabemos que, cuando los finalistas logran lo que parece ser su destino final de ascensión mortal, se conoce que entran a la carrera de los espíritus de sexta etapa. Conjeturamos que aguarda a los finalistas aun otra carrera no revelada en asignación universal. Es lógico que del mismo modo consideremos que los Espíritus Maternos Universales también tienen ante ellas una carrera no revelada que constituirá su séptima fase de experiencia personal en servicio universal y cooperación leal con la orden de los Micaeles Creadores.



Fuente:
Fundación Urantia, “El libro de Urantia”, p. 224 – 226.

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