Islam. Del declive al resurgir. Preocupante declive

A finales del siglo XVII, mientras Europa iniciaba su desarrollo tecnológico y científico, el mundo islámico comenzó un inquietante declive. Los sultanes intentaron aplicar algunas reformas que no dieron fruto, dado que el ritmo de descomposición de su Imperio era mucho más rápido e intenso. A este deterioro se añadió la incapacidad del Imperio Otomano para impulsar un crecimiento económico apoyado en los avances tecnológicos. Tampoco supo frenar los diversos movimientos nacionales independentistas que fueron surgiendo en su territorio.

Por su parte, Egipto comenzó a actuar por su cuenta, haciendo caso omiso a los dictámenes de Estambul. La situación se agravó con la expansión colonialista europea, que dirigió sus pasos al valle del Nilo y a otros territorios que hasta entonces habían sido controlados por los turcos. Aunque en el tratado de San Stefano (1878) se dictó el principio del fin del poder otomano, éste todavía logró mantenerse a flote durante la I Guerra Mundial. Sin embargo, la decisión del sultanato de alinearse con Alemania fue la puntilla final para la Sublime Puerta, término con el que se definía al gobierno del Imperio Otomano en alusión a la puerta que daba entrada a las dependencias gubernamentales. Aprovechando la debilidad de los otomanos, Francia y Gran Bretaña impusieron su dominio en muchos territorios habitados por musulmanes. 

Tras alcanzar enclaves estratégicos en Asia a lo largo del siglo XVIII, el Reino Unido puso en pie en 1757 un ejército para recuperar Calcuta (India) y vengar la muerte de más de un centenar de colonos que habían sido asesinados por hordas descontroladas. A partir de entonces, las autoridades coloniales dirigieron con mano de hierro los destinos de la dinastía mogol, poniendo en el trono a gobernantes títeres. En 1857, se produjo la Rebelión de Sepoy, conocida por los británicos como Motín indio, cuya consecuencia fue que los soldados y administradores hindúes, hasta entonces bajo el mando de la Compañía de las Indias Orientales, pasaron a ser dirigidos directamente por el Parlamento británico. Bahadur Shah, el último emperador mogol, fue exiliado a Birmania, donde murió en 1862. 

A mediados del siglo XVIII, los turcos comenzaron a sufrir la expansión de los rusos hacia Crimea y los Balcanes. Fue el zar Nicolás I quien acuñó una frase que hizo gran fortuna en la época: "El Imperio Otomano es el hombre enfermo de Europa". Encerrados en su torre de marfil, los sultanes parecían no comprender que las otras dos grandes potencias, Francia y el Reino Unido, tenían el mismo interés que los rusos en repartirse los trozos más apetitosos del pastel turco. En 1820, los otomanos cedieron terrenos ante el empuje de los movimientos de liberación de Grecia, Serbia y los territorios que hoy ocupa Rumania.

Fuente:
Muy Interesante Historia, ‘El Islam. Los misterios de una religión’, Ed. Televisa, p. 67 – 69.

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