Querida Gertrude: 9 de diciembre de 1875. ¿Sabes una cosa? Ya no se pueden enviar besos por correo: el paquete pesa tanto que resulta muy caro. Cuando el cartero me trajo tu última carta, me miró con aire severo y me dijo: —Tiene que pagar dos libras, señor. Exceso de peso.
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