La máscara, que llegó como un complemento de vestuario, se convirtió en una prenda de gran valor, así como la abundante cabellera de quienes no portan careta; fue tal su auge, que posteriormente formaron parte de los retos y se empezaron a apostar. La máscara y la cabellera, son los elementos en los que pareciera depositan su fuerza y, si las pierden, ésta disminuye. En el caso de los enmascarados la pérdida puede ser mayor, pues la máscara es su verdadero rostro y al perderla son denigrados y declina su jerarquía o incluso su carrera (Ferro, 2001) .
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