La Máscara en la Lucha Libre Mexicana

La máscara, que llegó como un complemento de vestuario, se convirtió en una prenda de gran valor, así como la abundante cabellera de quienes no portan careta; fue tal su auge, que posteriormente formaron parte de los retos y se empezaron a apostar. La máscara y la cabellera, son los elementos en los que pareciera depositan su fuerza y, si las pierden, ésta disminuye. En el caso de los enmascarados la pérdida puede ser mayor, pues la máscara es su verdadero rostro y al perderla son denigrados y declina su jerarquía o incluso su carrera (Ferro, 2001).

Sin embargo, contrariamente para otros esto puede resultar benéfico, ya que actualmente perder o conservar la careta no es garantía del interés del público, pues el talento y personalidad del luchador tiene mayor peso en cuestiones de impacto comercial. Por otro lado, hay los que al no encontrar impacto con su personaje, cambian una y otra vez, hasta conseguir un sello propio y en algunos casos el estrellato, sin tener que despojarse de la máscara, ni ser conocida su identidad públicamente (Ferro, 2001).

Tal como lo hicieran indígenas mexicanos en la antigüedad, el luchador encontró en la máscara un sentido mágico. “Es un instrumento que le permite disfrazarse y cambiar momentáneamente su personalidad, o bien, lograr por imitación de lo que se desea, el dominio sobre eso” (García, Heriberto, 1965). “Nada se pierde, todo se funde, corre hacia atrás, hacia el origen que, en sus transformaciones se mantiene vivo” (Florescano, Enrique, 2001).

Fuente:
redalyc.org

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