El césped del viejo Estadio de Wembley aún guardaba el recuerdo del 'gol fantasma' de Geoff Hurst que ayudó a derrotar a la fuerza teutona en el Mundial de 1966. El inmueble inglés representaba una espina clavada en el corazón de Alemania y, ya como un país unificado, pisarlo 30 años después de la injusticia fue una oportunidad que no podían desperdiciar.
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