Desde finales de la década de los años sesenta, el modelo económico de sustitución de importaciones y el desarrollo de una industria basada en una economía cerrada había demostrado su agotamiento. La política económica establecida por el Estado durante los siguientes años, sustentada en un excesivo gasto público y el endeudamiento, así como en los ingresos provenientes de la exportación del petróleo, habían resultado ineficaces: la capacidad productiva del país no se había elevado; tampoco el nivel de producción. La balanza de pagos de nuestro país era crecientemente deficitaria (pues cada vez importábamos más bienes y servicios y, salvo el petróleo, el resto de nuestras exportaciones era cada vez menor) .