La guerra ruso-turca (1877-1878) aceleró el declive con la definitiva pérdida de Serbia y de Tesalia (que se integró en Grecia), de los territorios de Bosnia-Herzegovina (ocupados por Austria), de Bulgaria (que proclamó su independencia), de Creta (que se unió a Grecia), y de la posterior desafección de Albania, Macedonia y Tracia occidental. Todo un cúmulo de factores que completó el desastre turco a finales del siglo XIX.
Un sitio con información relevante de distintos temas dignos de compartir