Islam. Del declive al resurgir. Vendría lo peor

La guerra ruso-turca (1877-1878) aceleró el declive con la definitiva pérdida de Serbia y de Tesalia (que se integró en Grecia), de los territorios de Bosnia-Herzegovina (ocupados por Austria), de Bulgaria (que proclamó su independencia), de Creta (que se unió a Grecia), y de la posterior desafección de Albania, Macedonia y Tracia occidental. Todo un cúmulo de factores que completó el desastre turco a finales del siglo XIX.

Lo peor llegaría con la Primera Guerra Mundial. Cuando finalizó el conflicto bélico, las potencias vencedoras firmaron el Tratado de Sévres (1920), cuyas cláusulas trastocaron el mundo árabe oriental dibujando con tiralíneas las fronteras de los nuevos Estados. Los redactores del tratado ofrecieron a los griegos una buena parte de Anatolia sin tener en cuenta el triunfo de la revolución de Mustafá Kemal Atatürk un año antes en Estambul. Aquel descuido iba a desembocar en un sangriento enfrentamiento. Los turcos conservaron la meseta central de Anatolia, quedando la zona occidental en manos de los griegos, que habían luchado en el bando vencedor. Asimismo, se creó un estado de Armenia y un Kurdistán autónomo. 

La finalización de la Primera Guerra Mundial reforzó la presencia de Italia en Libia, la de Francia en el Magreb y la de España en la zona del Rif de Marruecos. En aquellos años, la preponderancia de Francia y el Reino Unido era de tal magnitud que hizo imposible cumplir el sueño utópico de crear un mundo árabe unido. Irak fue uno de los países que surgieron de la desintegración del Imperio Otomano. Pese a todo, los verdaderos beneficiarios de la creación de Irak fueron los británicos, que obtuvieron la explotación de los yacimientos petrolíferos de la antigua Turkish Petroleum Company. En plena Segunda Guerra Mundial, el Primer Ministro iraquí Rashid Ali encabezó un fallido golpe de Estado con apoyo de los nazis. En 1958, el general Abdul Karim Qasim tuvo más éxito y acabó con la vida del rey Feysal II. 

El nuevo gobierno iraquí del general golpista inició grandes reformas que produjeron mejoras en la educación y sanidad. En 1963, Qasim fue asesinado y el Partido Árabe Baaz tomó las riendas del poder. Ya en 1979, apareció la figura de Saddam Husein, quien asumió el manejo del país hasta la invasión de Irak en el año 2003. Por su parte, Afganistán obtuvo la independencia en 1919 por el Tratado de Rawalpindi. 

El líder nacionalista Amanullah Kan intentó modernizar una sociedad tribal profundamente atrasada, pero fue derrocado diez años más tarde por otro clan que puso en el trono a Mohamed Nadir Sha. En 1979, las tropas soviéticas invadieron el país y comenzó una cruenta guerra de la que los rusos salieron escaldados. En 1995 adquirieron fuerza los talibanes, guerrilleros formados en Pakistán y que se oponía al entonces presidente Hamid Karzai, sucedido después por Ashraf Ghani Ahmadzai, quienes tuvieron el poder gracias al apoyo del ejército de coalición encabezado por Estados Unidos, antes de que Joe Biden diera la orden de retirar las tropas de ese ejército por Mayo de 2021. 

Irán, otro de los territorios que tradicionalmente estuvo en manos otomanas, logró su independencia en 1921, cuando Reza Pahlevi se proclamó Sha de Persia, iniciando una nueva dinastía. El férreo gobierno del Sha comportó profundas transformaciones que favorecieron un cierto progreso económico y la occidentalización del país. Pero en la Segunda Guerra Mundial, Irán cometió el error de aproximarse a Alemania, lo que provocó la invasión soviética y británica, y la abdicación del monarca. Años después la dinastía Pahlevi volvió a reinar en Irán, pero la Revolución Islámica del ayatola Jomeini (1979) acabó con ella. 

El reparto del mundo islámico que había surgido en el Tratado de Sévres permitió que el sultán Abd al-Asís ibn Saud quedara al mando de la mayor parte de la península arábiga, lo que le permitió fundar el reino de Arabia Saudí años después. 

En 1922, Egipto logró la independencia, pero Londres siguió ejerciendo una gran influencia en el país, incluso una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. Esto provocó al final un golpe de Estado en 1952 protagonizado por un grupo de militares llamados Oficiales Libres, cuyo líder era Gamal Abdel Nasser, quien accedió a la presidencia en 1956. 


Fuente:
Muy Interesante Historia, ‘El Islam. Los misterios de una religión’, Ed. Televisa, p. 69 – 70.

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