Upfront. Diego Forlán






Diego revela que jugadores lo han impresionado.

Juan Sebastián Verón y David Beckham solían practicar tiros libres después del entrenamiento. Tenían una barrera móvil para ponerla en diferentes posiciones. Los ‘jugadores’ no saltaban, pero eran muy altos. Durante una hora, ‘Seba’ y ‘Becks’ disparaban el balón por encima y alrededor de la barrera. Sus técnicas eran completamente diferentes, pero en cada ocasión acertaban en la misma parte de la portería. Beckham anotaba desde siete metros; Verón desde 14. Pensé: “¡Wow!”. Se suponía que estábamos cansados, pero ellos querían la perfección. Así que cuando los vi repetir esto en los juegos, sabía que era trabajo duro y talento, no suerte.


Mi papá me dijo que la práctica hacia al maestro. Observaba a mi padre jugar y estuve rodeado de profesionales toda mi vida. Por eso sé cuánta dedicación toma ser futbolista y los sacrificios que deben hacerse.

A los 19 años yo estaba en Argentina, mientras Juan Román Riquelme jugaba en Boca Juniors, y Javier Saviola y Pablo Aimar en River Plate. Podías ver que ellos no se iban a quedar mucho tiempo ahí.

Cuando llegué a Inglaterra los niveles eran más elevados. Me di cuenta que debía mejorar. Jugué contra Rio Ferdinand, que entonces estaba en el Leeds United. Nunca había jugado contra un defensa de ese nivel. Estaba feliz de que se convirtiera en mi compañero de equipo unos meses después.

Roy Keane era también un jugador de clase mundial en el United. Como capitán, él podía ser un verdadero maldito. Ya no veo jugadores así ahora; a veces, algunos jugadores jóvenes necesitan sentir esa agresión. Claro que Keane era inteligente también. Él me retroalimentaba  todo el tiempo, diciéndome cuándo debía o no hacer ciertos movimientos. Él no veía por qué yo debía entrenar en áreas donde tenía a cuatro jugadores para pasarles el balón. Lo que quería era que yo estuviera listo para anotar.

Cristiano Ronaldo se unió al United un año después que yo. Tenía confianza y talento para respaldarla. También era dedicado y practicaba duro. Se quedaba más tiempo, como Verón y Beckham, y era muy dedicado en el gimnasio. Trabajo su cuerpo con muchas horas de ejercicio. Ahora es normal, pero no muchos jugadores entrenaban de esa manera hace una década. Si veía a un jugador hacer un truco que él no podía, le decía que lo aprendería y que lo haría mejor en una semana. ¡Y lo hacía! Solía entrenar con polainas en sus tobillos para hacerse más fuerte. Su vida entera estaba dedicada a mejorar su futbol.

Entonces me mudé a España. Villarreal me ofreció más dinero que el United y sabía que tendría más minutos y una casa cerca de la playa. Tenía al mismo agente que Riquelme y me vendió la visión de trabajar con Juan Román y bajo otro sudamericano, Manuel Pellegrini. Riquelme era extraordinario. Veía espacios donde nadie más podía verlos. Parecía flojo por su estilo, pero no lo era. Su filosofía era simple: si tú estabas en una mejor posición que él, te daba el balón. Sabía exactamente cuándo soltar el esférico y dónde iba a correr yo. Nos conectamos y el Villarreal alcanzó las semifinales de la Champions League, en 2006.

En ese tiempo, Fabio Cannavaro, del Real Madrid, era el mejor jugador del mundo. No era alto, pero era muy rápido y fuerte. Cuando el balón venía, él siempre estaba presionándome y empujándome. No era sucio, no pateaba, simplemente no me dejaba correr con libertad. Interrumpía mi juego durante 90 minutos. No muchos jugadores lograban eso, pero él sofocaba mi estilo de una manera limpia. ¡Supongo que eso debe hacerlo un grande!


Fuente: Four Four Two México Año 1 #3 Febrero 2014, p.25.

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