Joseph E. Stiglitz-El malestar en la globalización





Este libro escrito por el exvicepresidente del Banco Mundial (1997-2000), ex asesor económico del gobierno estadounidense en la administración de Bill Clinton y Premio Nobel de Economía (ganado este reconocimiento en el año 2001 por su contribución a la teoría de la asimetría de la información); refleja lo que ha provocado el proceso de globalización en muchas áreas del planeta, sobretodo en el ámbito económico.


La globalización, como muchas otras cosas, ha tenido sus puntos buenos y malos, y entre los aspectos positivos podemos encontrar que gracias a ella el mundo conoce más de lo que pasa en el resto del planeta, puede uno tener amistades de todas las naciones gracias al Internet, las innovaciones tecnológicas llegan más temprano a las naciones subdesarrolladas, las malas acciones que pueda haber en un país (dictaduras, instalación de minas, guerras, etc.) tienen una recriminación mundial, etc. Lamentablemente, en el terreno económico, la globalización no ha sido el detonador del crecimiento y desarrollo mundial que se esperaba, y en muchos casos, lejos de mejorar se han estancado las economías, creando condiciones en donde los ricos se hacen más ricos y los pobres se hacen más pobres, generando una desigualdad en los estratos sociales de enorme magnitud.

En muchos de los problemas económicos derivados de la globalización, y como se observa a lo largo de esta publicación, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) han sido determinantes en el origen de estos conflictos, al implementar medidas y políticas macroeconómicas que lejos de beneficiar al país en problemas, han beneficiado a los grandes corporativos transnacionales de los países desarrollados, generando un profundo malestar en la población afectada hacia las organizaciones internacionales y a la globalización.

Entre los casos en donde el FMI y el BM han agravado las crisis económicas de los países que le han pedido ayuda ante estas eventualidades, se mencionan a Etiopía, Argentina, los países del Sureste Asiático, Rusia y el bloque de naciones excomunistas de Europa Oriental. En estas situaciones, la mayoría de estos países gozaban de buenas condiciones macroeconómicas y necesitaban de una buen préstamo o asesoría por parte de estos organismos internacionales para despegar en su crecimiento económico, y en la mayoría de las veces, lejos de hacer que su producción aumentará, produjeron recesos en estas economías ocasionando la pérdida de los empleos de miles de personas, decremento de los salarios, y en algunas naciones estas situaciones adversas produjeron un caos social que desembocaron en disturbios violentos.  

Por otra parte, los países que no siguieron los consejos de estos grandes organismos internacionales, han visto notables mejorías en su desempeño económico, y entre los casos más notables que se mencionan son los de China, Malasia y Polonia, que obtuvieron mejorías en su desempeño económico al no realizar de forma rápida y tan al pie de la letra las reformas que tanto el FMI como el BM sugerían para su “rápido desarrollo”.

Mucho de lo que se plantea en este libro es que los organismos internacionales lejos de velar por el progreso de un país determinado, buscan satisfacer los intereses particulares de los países desarrollados, sobretodo los de las grandes empresas financieras que imponen sus modelos y sugerencias sin importarles la situación social, por lo que muchas de las medidas que sugieren para combatir los malestares económicos tanto el FMI como el BM han ayudado a que las multinacionales empresariales obtengan más utilidades a costa del empleo y del salario de la mayoría de la población.

La situación presente de la globalización es grave, ya que a pesar de romper algunas barreras del pensamiento y otras más del corte social, en cuanto a la situación económica ha registrado grandes deficiencias en el objetivo de lograr que las naciones subdesarrolladas mejoren en su calidad de vida, ya que los principios dictaminados por el FMI y el BM para lograr el progreso de las naciones han sido medidas que benefician más a los ricos y hace que el nivel de vida empeore para las clases medias y los pobres, ya que muchas de las reformas sugeridas no se plantean de manera adecuada, se acelera su proceso provocando grandes desordenes en los sistemas económicos nacionales. Una de las críticas más severas que Stiglitz hace es que el FMI pide a muchos países que privaticen sus empresas públicas para hacerlas eficientes y competitivas, pero mientras los países no tengan una legislación y un Estado de Derecho fuerte, esos procesos de privatización serán malos, ya que en muchas de las ocasiones serán concesionadas a los amigos de los gobernantes e incentivarán los monopolios privados, dando lugar al círculo de corrupción que limitara el crecimiento social, económico y cultural de las naciones.

La globalización no es mala en sí, y como se ha sugerido últimamente por muchos grupos activistas, se debe procurar llevar un proceso de globalización con un sentido más humano, ya que al crear condiciones donde las personas vivan bien, con un Estado de Derecho fuerte y donde el bienestar común este por encima de los intereses particulares del sector más privilegiado de la sociedad, es como el crecimiento económico y desarrollo pueden despegar y llegar a todos por igual, no va a ser fácil, pero en la medida en que los países desarrollados den apoyo y aprueben acuerdos internacionales más justos para las naciones subdesarrolladas (o del Tercer Mundo), los beneficios de la globalización podrán ser mucho mejor que los actuales. Lamentablemente, no creo que las potencias mundiales estén dispuestas a ceder un poco de su poderío para brindar mejores condiciones a las demás naciones del planeta, por lo que es necesario que el Tercer Mundo ejerza presión ya sea a través de manifestaciones o de crear un frente común con el cual puedan realizar mejores acuerdos internacionales con las organizaciones mundiales y con las potencias del planeta para procurar que la globalización sea más beneficiosa para todos.

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