Antecedentes de la Empresa Mexicana de Lucha Libre

Durante la segunda década del siglo pasado, el México posrevolucionario se reacomodaba con un dinamismo impresionante. Grandes éxodos, principalmente de las zonas rurales del país, tenían como destino final la capital de la República. Para la década de 1930, nuestro país transitó por un proceso de recuperación económica considerable, donde el salario mínimo era una realidad en casi toda la nación. Este panorama fue el que don Salvador Lutteroth González vislumbró cuando tenía la inquietud de implementar el deporte de la lucha libre en México. La creciente actividad de la vida pública en la capital se observaba en una población con una ferviente afición a deportes como boxeo, el beisbol y el futbol, entre otros.


Para traer el deporte de la lucha libre a México, don Salvador visitó a los empresarios de La Arena Nacional con el propósito de rentar su local. Los promotores pasaban por una buena racha con la temporada de box, así que no accedieron a la propuesta de aquel joven emprendedor con apenas 36 años de edad. Tras ello, don Salvador tuvo que buscar una asociación con alguien más para conseguir otro recinto al alcance de sus bolsillos, y así fue como terminó asociándose con Pancho Ahumada, a quien había conocido en el Liberty Hall de El Paso. Poco después, también se unió al equipo el matchmaker Mike Corona. De esta manera, se reunieron los tres pilares fundadores de este singular deporte de contacto, que, a la postre, se implementaría en México con la firme convicción de crear una empresa profesional y seria. Los tres empresarios fueron a visitar la Arena Modelo, que había sido inaugurada a principios de los años 30, pero que sólo había albergado unas pocas funciones de box profesional, lo cual no generó suficientes beneficios como para darle un mantenimiento adecuado. Tan es así que para 1933, debido a su mal estado, parte de las gradas habían sido derribadas para hacer leña. En ese momento, don Salvador convenció a Víctor Manuel Castillo, quien todavía era el dueño, para que se la rentara con el propósito de llevar a cabo un proyecto sin precedentes. Inmediatamente, le cambió el nombre por Arena México, contrató a un experto en poner techos de lona y la terminó de remodelar, asegurándose de que los nuevos espectadores contaran con la mayor comodidad posible. Los comentarios sobre la rebautizada Arena México estaban llenos de halagos; por ejemplo, el periódico Excélsior publicó lo siguiente el 22 de Septiembre de 1933:

“Bien alumbrada, recogida, lo que le da un aspecto familiar, y estratégicamente situada por la abundancia de líneas de tranvías y camiones que la circundan, La Arena México está destinada a convertirse en un magnífico centro recreativo”.



Fuente:
CMLL – 85 Años. Lucha Libre, Ed. AM Editores, p. 27.








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