El gran viaje hacia lo maravilloso

¿Y recuerdas, marinero…?
La canción que cantaban nuestros padres y abuelos, que trata de un “viejo marinero que toma su pipa y se pone a fumar, mientras le canta la brisa del mar”, no podría aplicarse al genovés Cristóbal Colón.

Los europeos conocieron en las Indias la aromática hoja del tabaco, ya que ésta es una planta típicamente americana.

Y lejos estaba Cristóbal de poder sentarse ante el océano para escuchar el dulce sonido de las olas. Se hallaba en realidad muy agitado antes de iniciar su viaje, y sumamente inquieto durante él.

Los días pasaban y lo único que podía verse era un interminable desierto de agua, sin que la tierra deseada apareciera por ninguna parte.

Sobre un cangrejo de mar.
Luego de que los Reyes Católicos concedieron a Cristóbal su autorización para iniciar el viaje, le prometieron nombrarlo gobernador de las tierras que descubriera, y también la décima parte de las riquezas que de ahí se obtuvieran.

Cristóbal procuró la ayuda de dos hermanos apellidados Pinzón: Martín Alonso (1440 – 1493) y Vicente Yañez (¿ - 1515). Junto con ellos salió un viernes 3 de Agosto, en tres carabelas (Pinta, Niña y Santa María), rumbo a las islas Canarias, el último lugar conocido que habrían de ver durante más de treinta largos días.

Carabela es una palabra con historia. Proviene del portugués carabela, que a su vez deriva de lenguas más antiguas (cárabus en latín y kárabos en griego).

Kárabos significa “cangrejo de mar”, y es un nombre muy apropiado para describir a una carabela, larga pero angosta, sólida y dotada con dos o tres mástiles para sostener sus amplias velas.

De la primavera eterna al gran desierto de agua.
La belleza de las islas Canarias, siempre verdes y llenas de luz, animó a la tripulación de Cristóbal y la predispuso para emprender el viaje llena de esperanzas. Las naves llevaban alimento para todo un año, pues el propio Cristóbal ignoraba cuánto pudiera durar la travesía.

Tras salir de las Canarias, los días en el mar abierto comenzaron a hacerse cada vez más largos. Un día seguía a otro sin que ni siquiera de lejos pudiera mirarse el perfil de una isla, o al menos el de una roca.

Las esperanzas verdaderas eran sustituidas pronto por esperanzas falsas, y hasta por alucinaciones: se creía ver aves que viven en las costas en lugares en que realmente no existían.

La gente, cansada de esperar, amenazó a Cristóbal: o se llegaba a tierra o las naves regresarían sin más a Europa, la patria conocida.

Cristóbal prometió una rica recompensa a quien primero viera tierra, y pidió a la tripulación que le concediera un último plazo de tres días para seguir buscando lo desconocido.

Cuando aún los marinos dormían…
La última madrugada del último día que la tripulación concediera a Cristóbal como término del plazo, había llegado sin novedades. Al parecer, Cristóbal tendría que regresar a Europa decepcionado, pobre y derrotado.

Los marinos dormían pesadamente sobre las cubiertas de las naves. Procuraban descansar, reanimados un tanto por la perspectiva de emprender el viaje de vuelta. Un vigía, del que no se sabe siquiera el nombre, o sus fechas de nacimiento y muerte, se hallaba dormitando porque ya no tenía mucho sentido estar atento a la posible visión de una línea de tierra en la intensidad del océano.

Este vigía despertó sobresaltado porque creía haber visto a lo lejos una línea muy bien definida sobre el horizonte. ¿Sería esta la primera visión de una tierra nueva a la mitad de la noche? ¿Algo así como una línea luminosa, de color plateado, distinta del mar y del cielo y más cerca de la tierra que esos elementos?

Un vigía sevillano, natural de Triana…
Algunos dicen que el primer europeo que vio tierra americana durante el primer viaje de Colón (1492) se llamaba Rodrigo, y que tal vez provendría de Triana, unos de los barrios más populares de Sevilla, allá en España. Por eso se le conoce como Rodrigo de Triana.

¡Al fin en San Salvador!
La tierra de América fue vista por todos los marineros que venían con Cristóbal el 12 de Octubre de 1492.

La primera isla que Colón vio en su viaje de 1492 está situada en el archipiélago de las Lucayas, conocido también como archipiélago de las Bahamas (archipiélago significa “conjunto de islas”).

Su antiguo nombre indígena era Guanahaní, pero Cristóbal Colón la bautizó con el nombre de San salvador. A esta isla se le llama Watling en la actualidad.

Esta hermosa tierra debe ser un continente.
Cristóbal Colón hizo cuatro viajes a lo que hoy se conoce como América. En el tercero ocurrió un hecho en verdad extraño. En pleno océano observó Cristóbal una poderosa corriente de agua dulce, como si un río de los que circulan por tierra se hubiera salido de ésta para recorrer el mar por su propia cuenta.

Cristóbal supuso que esa corriente de agua dulce debía provenir de una tierra muy grande, quizá de un continente, aunque nunca pudo demostrar esto.

Esa tierra era la costa de Venezuela, ese continente era América y el río uno de los más caudalosos de este continente: el Orinoco.


 Fuente: Supertareas 4, Fernández Editores.









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