Muertes súbitas: No todo es triunfo y reconocimiento

La muerte de los deportistas en acción no es nada nuevo, pero causa un gran impacto debido a que por su condición de atletas de alto rendimiento, sus buenas costumbres en alimentación y trabajo físico, los hacen candidatos casi imposibles a este tipo de percances.

Los decesos más trágicos e impactantes son aquellos que se dan justo en el campo de acción, cuando los deportistas, súbitamente se ven caer fulminados ante los ojos de los incrédulos espectadores que se asoman azorados ante tan adversas e indeseables situaciones.

Estos accidentes se dan desde antaño. En el automovilismo, basta remembrar el circuito de Monza, uno de los que más muertes causaron a lo largo de la historia: Alberto Aseari, bicampeón de la Fórmula 1, quien en 1955 sufriera un accidente fatal en una curva de dicho circuito; Wolfgang Von Trips muere en 1961, después de chocar con Jim Clark, este percance hizo que su bólido se elevara por los aires, aterrizando en las graderías y causando la muerte de 14 personas. En 1970, Jochen Rindt perdió la vida en Monza (a pesar de ser virtual campeón) y Ronnie Person (quien ganó esa carrera tres veces) fallece en 1978.

El automovilismo es un deporte que ha arrojado muchas escenas trágicas de este tipo a lo largo de la historia. Nuestros compatriotas, los hermanos Pedro (31 años) y Ricardo Rodríguez (20 años), murieron en sendos choques, el primero en Alemania en 1971 y el segundo en una peraltada del Gran Premio de México en 1962.

El caso de Ayrton Senna Da Silva es quizá el más doloroso en la historia del automovilismo. El 1 de Mayo de 1994, Senna dejó la pista del circuito de San Marino para siempre, luego de que una falla mecánica le causara perder control del auto y estrellarse. Un día antes, en el mismo circuito, Roland Ratzenberger, murió durante las pruebas previas en un accidente provocado por una avería en el alerón derecho de su auto.

En la serie Cart, Greg Moore muere en 1999, cuando un percance en el circuito de Fontana le causó heridas fatales. En ese mismo serial, un neumático que salió disparado de Adrián Fernández hacia la tribuna, causó la muerte de cuatro espectadores en el óvalo de Michigan en 1998.

En otros deportes, en 2005, el boxeador Martín “El Bombero” Sánchez, murió por los golpes recibidos en la pelea frente al ruso Rsutam Nugaev. El mexicano de 26 años emprendió el viaje hacia Las Vegas y no volvió con vida a su país. El de Sánchez no es un caso aislado, el colombiano Carlos Meza murió por causas similares en 2004, al igual que el boxeador peruano Luis Villalta.

Pero no solo los deportes que representan riesgo como el box o el automovilismo han causado fatalidades. En el futbol, durante un partido en Bena Tshadi, República Democrática del Congo, un rayo hizo su aparición en la cancha, fulminando a los 11 integrantes de un solo equipo, mientras que el adversario quedo intacto. El equipo afectado acusó a sus contrarios de brujería en 1998. En el 2005, durante un partido amateur en Guatemala, dos jóvenes perecieron calcinados luego de que un rayo los alcanzara.

En casos diferentes, pero no menos trágicos: Marc Vivien Foe, muere súbitamente en 2003, cuando disputaba un partido para Camerún debido a un ataque al corazón.

En un juego del Benfica, Miklos Feher, futbolista húngaro de 24 años, cae sin vida por una arritmia cardiaca (2004); y el arquero sub – 17 de Chile, Manuel Mondaca, falleció a causa de una cardiopatía hipertrófica a la mitad de un entrenamiento (2003).

Por distintas causas, Danny Ortiz, arquero del Comunicaciones de Guatemala, murió horas después en un hospital, debido a un choque con el delantero Mario Rodríguez que le causó hemorragia interna y posteriormente fallas en el corazón. En 2005, Serginho, defensa central de Sao Caetano de Brasil, fallece instantáneamente por un paro cardiaco en pleno partido. Este caso fue diferente a los anteriores, pues Serginho tenía problemas cardiacos claramente identificados antes y jugó así durante 41 partidos. El club sufrió severas sanciones, se le restaron 24 puntos en la liga, bajándolo del tercer lugar al quinceavo, se suspendió a su entrenador Nauro Ferreira por dos años y al médico Paulo Forte por cuatro, además de que perdieron la oportunidad de competir en la Copa Libertadores.

En la NFL, Korey Stringer, tacle ofensivo de los Minnesota Vikings, murió por deshidratación durante un entrenamiento de pretemporada cuando su temperatura corporal alcanzó los 42.2 °C, esto en el 2003. El 21 de Agosto de 2005, Thomas Herrion, de los 49ers, falleció por causas similares, después de un partido de pretemporada en Denver, el jugador desfalleció en los vestidores y murió horas después en el hospital.

En atletismo, durante una media maratón en Madrid, David Mirasierra perece a los 24 años después de un paro respiratorio súbito.

En el ciclismo, es español Manuel Sanromá y el kasavo Andrei Kivilev, se matan en distintas carreras por caídas accidentales durante una competencia; el primero en la vuelta a España en 1999 y el segundo durante la Tour de France en 2003. Alessio Galleti sufrió un paro cardiaco y murió instantáneamente en la subida a Naranco en España; muchos atribuyen esta muerte a circunstancias relacionadas con el dopaje, lo mismo que la muerte de Denis Zannete en 2003, antes de una carrera.

Fuera del campo.
Hay otros casos de deportistas cuyo deceso causó conmoción pues se esperaban en el campo de entrenamiento al día siguiente y nunca llegaron.

Los accidentes automovilísticos son causa común para estas tragedias, basta recordar a los futbolistas Otilio Tenorio de Ecuador, Pedro Peñaloza, mexicano, de la UNAM, el árbitro mexicano Edgar Ulises Rangel, y el futbolista argentino que jugaba para Pachuca, Pablo Hernán Gómez, quienes vieron truncada su carrera y su vida debido a imprudencias o accidentes viales. Los dos últimos murieron con sus esposas en el percance.

En el futbol americano, el jugador de los Chiefs de Kansas City, Derrick Thomas, murió a consecuencia de un accidente automovilístico en Kansas en el 2000, al igual que el basquetbolista croata de la NBA, Drazen Petrovic, quien sufrió un percance en Alemania cuando el coche en el que viajaba se estrelló con un tractocamión. En el béisbol, Mike Darr también falleció en un choque, mientras Gerik Baxter y Mark Hilde, que viajaban juntos, se volcaron cuando se pinchó una de las llantas del auto, terminando así sus vidas.

En accidentes aéreos, Roberto Clemente y Thurman Monson, murieron en distintos vuelos cuando fallas mecánicas causaron la caída de sus respectivos aviones.

En otro caso extraordinario, Pat Tillman, jugador de los Cardinals de Arizona de la NFL, dejó el equipo para enrolarse en la armada norteamericana después de los ataques del 11 de Septiembre del 2001. Tillman fue asesinado en combate cuando patrullaba una zona de Afganistán en 2004.

En el béisbol mexicano, el legendario Nelson Barrera murió electrocutado en 2002, mientras hacía reparaciones domésticas y Carlos “Gato” Gastélum, cátcher y entrenador de Yucatán, murió por un paro cardiaco el 25 de Agosto de 2005, cuando se disputaba el play off en la Liga Mexicana.

Estos casos nos demuestran lo vulnerable del ser humano ante la muerte y cómo nada de lo que hagamos, o dejemos de hacer, podrá cambiar ese destino. No nos queda más que intentar vivir de la mejor forma, hacer lo que nos gusta y lo que debemos para así, nuestro paso por la tierra sea lo más placentero. Simplemente vivir… y esperar.



Fuente:
Por Luis Rodrigo Gómez López en Sports Magazzine Año 1 No. 3, p. 36 – 38.









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