Champions League 1996 - 1997. Tercera Maldición

En 1995, Milán le entregó la corona al Ajax y este la cedió a la Juventus en 1996. En 1997, la maldición volvió a caer sobre el campeón; esa vez, la Signora que se disponía a celebrar su Centenario con una segunda Orejona al hilo sucumbió ante el Borussia Dortmund que en la final le cobró varias cuentas pendientes.

En las horas previas al 28 de Mayo de 1997, los trabajadores del Olympiastadion luchaban por tener listo el césped que había sido despedazado días antes, cuando el Bayern Munich ganó la Bundesliga y los fans se llevaron trozos del campo como recuerdo.

La urgencia era porque ahí se jugaría la final de la Champions League 1996 – 1997.

Uno de los contendientes era otro club alemán: el Borussia Dortmund, pero no era favorito a pesar de que el duelo se disputaría en su país. El favorito era su rival, el campeón vigente, la Juventus, que festejaba su año 100, en el cual había ganado la Supercopa Europea, la Intercontinental y su liga.

El entrenador de la Vecchia Signora, Marcello Lippi, tenía confianza: “Juve es difícil de batir y va más allá de sus individualidades”. Y eso que estas inspiran respeto; Zidane, Vieri y Del Piero daban un look imponente al ataque turinés, respaldado en la media por la solidez de Deschamps.

Por su parte, Ottmar Hitzfield, técnico del Borussia, concedía: “Sus resultados bastan para ser considerados favoritos”.

Aun así, Hitzfield se ufanaba de los “grandes progresos” de los suyos: habían vencido en cuartos y semifinales al Auxerre y al Manchester United, por lo que concluía: “Debemos culminar con una victoria sobre la gran Juventus”.

Además, existía otro factor a considerar: el ánimo de revancha del Dortmund…

Viejos conocidos.
Borussia y Juventus ya había jugado una final europea: la Copa UEFA de 1993, misma que los italianos ganaron con un global de 6 – 1.

Curiosamente, tres hombres que habían obtenido la Copa UEFA para la Juve ahora estaban con el cuadro de Westfalia: Julio César, Kohler y Möller. Además, Reuter también había sido bianconero. Por si eso no bastara, alguien quería vengarse. “Tengo una cuenta pendiente con la Juventus”, dijo Paulo Sosa el día previo a la final.

Era un escudo portugués que daba salida y que en 1996 había ayudado a la Juventus a ganar la Champions.

Sin embargo, lo había desechado por sus rodillas lesionadas y se fue al Borussia. “No creyeron que podría volver a mi máximo nivel”, explicó Paulo.

Había tintes de vendetta en la final. Encima, Borussia y Juventus se habían enfrentado seis veces: cinco victorias italianas y un empate. Hasta eso favorecía a la Juve; los Aurinegros nunca la habían vencido.

Sueño cumplido.
El césped del Olympiastadion de Múnich estuvo listo para el choque por la Orejona. Para los Bianconeri solo había algo inquietante: en las tres Champions previas, el campeón reinante había alcanzado la final, pero había caído.

El dato olía a maldición y para conjurarla la Signora se abalanzó sobre los de Dortmund en cuanto el juego se inició y creó ocasiones de gol que no se consumaron por la falta de puntería de Vieri o por la destreza del arquero Klos.

Luego, Borussia se asentó y comenzó a bloquear a su rival en el mediocampo. Hitzfield contaría años más tarde: “Era clave ser sólidos ahí”. Para ello, el libero Matthias Sammer fue decisivo cortando los avances juventinos mientras su equipo esperaba paciente.

Hitzfield relataría que sabía que su rival “tenía problemas a balón parado”. Y así llegó el 1 – 0… tras un corner, vino un recentro, Riedle lo bajó con el pecho y fusiló a Peruzzi.

El asombro italiano fue aún más grande cuando el mismo Riedle cabeceó al fondo del arco otro tiro de esquina.

En el segundo tiempo, Lippi mandó al campo a Del Piero. Le funcionó, pues Alex descontó con un taconazo.

Sin embargo, Hitzfield tenía un talismán en la banca, y lo usó; el joven Lars Ricken, quien había anotado en la semi, entró y en 16 segundos dejó su huella. Sammer le filtró un balón y Ricken clareó al portero.

El jugador del Borussia confesó tras el juego que desde la banca había visto que Peruzzi jugaba muy adelantado: “Pensé: el primer balón que tenga lo tiro a la portería”.

Ahí murió la Juventus, ante un rival alemán de estilo italiano: defender bien y matar mejor.

Por tercer año en fila, el campeón caía en la final. Se consumó la revancha y también un sueño.

En medio de la celebración, Reuter dio un toque fantástico al resultado narrando: “Riedle soñó que marcaría un gol de zurda y otro de cabeza. ¡Es increíble que su premonición se haya cumplido!”.


Fuente:
Publicado en Futbol Total. Historia de la UEFA Champions League. 1992 - 2013, Editorial Grupo Medios, p. 24 – 26.








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