El imperio de Maximiliano

Dueño de la capital de la República, el general Forey nombró una Junta Superior de Gobierno y una Asamblea de Notables. La junta eligió para ejercer el poder ejecutivo a Juan N. Almonte, el representante de los conservadores que había traído con fines imperialistas la intervención francesa; a Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, Arzobispo de México, y a José Mariano Salas. Había dos miembros suplentes: Juan B. de Ormaechea, obispo de Tulancingo, e Ignacio Pavón.

La Asamblea de Notables, diciéndose intérprete de la voluntad del país, decidió que México adoptará la monarquía como forma de gobierno; que el soberano tomara el título de Emperador de México, y que la corona imperial se ofreciera al Archiduque Maximiliano de Austria, o en caso de que él no pudiese ocupar el trono, a otro príncipe católico que Napoleón III designase.

Una comisión formada por jefes conservadores se trasladó entonces al castillo de Miramar (cerca de Triste, en Austria), donde Maximiliano vivía, y allí se le ofreció el trono de México el 3 de Octubre de 1863.

Se firmaron los Tratados de Miramar, según los cuales el imperio mexicano contaría con el apoyo de Napoleón III, y Maximiliano, en compañía de su esposa, la emperatriz Carlota, se embarcó hacia México en la fragata Novara.

Llegaron Maximiliano y Carlota a Veracruz el 28 de Mayo de 1864. Se les recibió allí con notable frialdad; pero en la Ciudad de México, para donde partieron sin la menor tardanza, aunque haciendo escalas en los principales lugares del tránsito, les fue tributado, el 12 de Junio, un gran recibimiento por parte del ejército francés y de los mexicanos adeptos al Partido Conservador.

Ya la noche del 7 de ese mes, para solemnizar el cumpleaños de la emperatriz, que acababa de llegar a Puebla, se había efectuado en la Ciudad de México una gran demostración de los conservadores. Detenida la multitud ante el palacio del arzobispo, salió éste al balcón y dijo: “Señores, no olvidemos que a la magnánima y generosa Francia, que nos cubre con su glorioso pabellón, debemos la dicha de tener un gobierno nacional conforme a la voluntad de la mayoría y apropiado a las circunstancias de nuestra patria”.

Fuente:
Generación 1960. Mi libro Historia y Civismo. Cuarto Grado, Ed. Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, p. 117 – 118. 
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