El grito de Paraguay

Tal como sucediera en 1924, en 1953 los paraguayos hicieron de anfitriones pero no en su casa. Esta vez eligieron a Lima, Perú, como sede, que a su vez inauguraba el Estadio Nacional. Y el impulso los llevó a ser campeones, después de un desempate nuevamente con Brasil, como sucediera cuatro años antes.

Entre sus puntales estaban Heriberto Herrera, Ángel Berni y Juan Ángel Romero, además de seis hombres del Libertad: Gavilán, Maciel, Cabrera, Hermosilla, Fernández y Gómez. Con ellos armó un cuadro poderoso que a la tradicional garra que se le conoció siempre, le sumó una alta cuota de fútbol, bajo el mando de Manuel Fleitas Solich.

Su coronación pudo haber sido holgada, pero como en el duelo que había empatado ante Perú efectuó un cambio de más perdió los puntos, entonces quedó igualado con Brasil, al cual ya había superado 2-1. Y tuvo que recurrir a un desempate, donde se impuso 3-2 a los brasileños en un festejado y merecido final.

Luego de dos ausencias voluntarias, en 1955 Argentina retornó a la gloria deportiva cuando el punto de reunión señaló a Santiago de Chile. El lauro fue obtenido con un fútbol excelso que seguía acorde a lo que se había visto en los años anteriores. Siempre con Guillermo Stábile (el goleador del Mundial 1930) como entrenador.

Un hecho inédito del campeón se daba en su delantera, íntegramente compuesta por valores del Club Atlético Independiente: Micheli, Cecconatto, Bonelli, Grillo y Cruz. Y cuando tuvo oportunidad de jugar Ángel Labruna, de River Plate, le anotó tres goles a Uruguay en un implacable 6-1 sobre los orientales.

Por su parte, Chile quedó subcampeón en una meritoria campaña con jugadores como el portero Misael Escuti, sucesor del inolvidable Sergio Livingstone, los hermanos Jorge y Eduardo Robledo, quienes habían actuado en Inglaterra, y el puntero Enrique Hormazábal. El único escollo que no pudo salvar fue en el 1-0 final ante los argentinos.

Uruguay hizo suya la fiesta de 1956, con el director técnico Hugo Bagnulo, en calidad de invicto, contando con tres campeones del mundo del recordado Maracanazo: Víctor Rodríguez Andrade, Omar Míquez y William Martínez. Para esta oportunidad los partidos se realizaron de noche debido a las altas temperaturas que imperaban en Montevideo.

Irrumpieran en este torneo jugadores que estaban destinados a triunfar como el portero brasileño Gilmar y el habilidoso argentino Enrique Omar Sívori. A propósito de los argentinos, al caer 1-0 con Brasil terminó una serie de 26 partidos invicto en Copa América que había iniciado en febrero de 1912.

Los albicelestes recuperaron la supremacía en Perú 1957 donde causaron sensación y dejaron un recuerdo impresionante debido a la calidad de su fútbol. Curiosamente, su público nunca los pudo ver al no realizar encuentros de preparación y al desarmarse luego de la contienda peruana.

Su andar en el campeonato resultó implacable, con golizas a todos sus rivales, exceptuando a los locales con los que perdieron 2-1 cuando ya estaban coronados. El veterano Osvaldo Cruz y los juveniles Oreste Omar Corbatta, Humberto Maschio, Antonio Angelillo y Enrique Sívori se dieron a conocer como los Carasucias, por el desparpajo con el que actuaban.

En 1959 Argentina tuvo la posibilidad de organizar la justa sudamericana, ganarla ante su gente y reivindicarse después de su magra actuación en el Mundial del año anterior, en Suecia. Ya no estaban los Carasucias, pero tenía a valores como Jorge Griffa en la defensa, Elíseo Mouriño en la media y Rubén Sosa en el ataque.

Fue la única vez que Pelé actuó en la Copa América, rindiendo a la medida de su capacidad al resultar el máximo artillero con ocho tantos. Para el mundo ya era un triunfador después de su extraordinaria aparición en la Copa del Mundo disputada en Suecia 58. También las presencias de Garrincha y Didí movían multitudes.

Hubo una nota desagradable a lo largo de la competición cuando brasileños y uruguayos armaron una descomunal pelea entre jugadores, suplentes y auxiliares. El hecho quedó registrado como la gresca más grande de la historia en el torneo Sudamericano.

Al duelo final llegaron Argentina y Brasil separados por un solo punto. Juan José Pizzuti abrió la cuenta; igualó Pelé en la segunda etapa, pero el marcador quedó 1-1, por lo que el cuadro rioplatense retuvo el título en casa. Curiosamente el vencedor era dirigido por un triunvirato, en un caso insólito de este certamen.

Por última vez se llevó a cabo un Sudamericano Extra, también en 1959, que tuvo lugar en Guayaquil, Ecuador, coincidiendo con el estreno del Estadio Modelo y cinco elencos participantes, Uruguay se alzó con el triunfo, destacando un sonado 5-0 ante Argentina, selección que tuvo en José Sanfilippo al goleador de la contienda.

En tanto, Brasil concurrió con un equipo formado por la Selección del Estado de Pernambuco, y debido a ello no contó con grandes posibilidades. El marco permitió ver a un joven Alberto Spencer, quien poco después triunfaría no sólo en Ecuador, sino también en Uruguay con Peñarol de Montevideo.


Fuente:
Por Marcelo Assaf en Caras Sports, ‘Copa América Argentina 2011’, Ed. Televisa, p.17 – 18

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