Del nacionalismo árabe al fundamentalismo islámico. Fundamentalismo en ascenso

Distintas circunstancias propiciaron que el fundamentalismo tomara el poder en algunos países. En Afganistán, la invasión soviética fue respondida por distintos grupos locales que contaban con el apoyo económico y militar de Estados Unidos, incluyendo los grupos fundamentalistas de Osama bin Laden. En 1996, tras la derrota soviética, y en la fragmentación política que siguió, los talibanes se hicieron con el poder. Fortalecieron a Al-Qaeda, la rama islamista más extrema, dispuesta a extender su revolución por todos los países musulmanes y a llevar a la práctica la amenaza a los intereses occidentales. Esta forma de terrorismo, transnacional y sin sedes territoriales específicas, tuvo como consecuencia el atentado del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y los de Madrid y Londres, además de los numerosos cometidos en los países musulmanes, pues si Occidente es su enemigo referencial, su objetivo es la transformación política de éstos.

Una de las reacciones que siguieron al 11-S fue la ocupación de Afganistán y la consecuente desaparición del régimen talibán (al menos por cierto tiempo), que subsistió como abierta oposición armada, que impidió la ansiada consolidación de estructuras estatales y dificultó la formación de una democracia, muy combatida por los fundamentalistas. 

La invasión de Irak -cuyo régimen se identificó como base de AI-Qaeda, pese a representar alternativas opuestas- destruyó las estructuras políticas del Baas, lo que favoreció la emergencia de una oposición armada a Estados Unidos y sus aliados, en la que adquirieron importancia los grupos ligados a AI-Qaeda. El fundamentalismo islámico prosperó también en Palestina, encabezando una rama radical que lograría el control de la Autoridad Palestina en la franja de Gaza. 

El fundamentalismo se había hecho con el poder en otro país, Sudán, el más extenso de África. Lo hizo tras el golpe de Estado de 1989, dentro de las convulsiones militares que acompañaron a los enfrentamientos étnicos y religiosos. Ha desarrollado los planteamientos integristas en los territorios de influencia gubernamental, sin lograr el dominio pleno debido a la fragmentación política y a las guerras civiles. 

En la reciente historia de los países musulmanes, las revoluciones nacionalistas y el empuje del islamismo han jugado un papel fundamental. Su distinto peso en los diversos Estados constituye un elemento básico de su dinámica social y política.

Fuente:
Por Manuel Montero en Muy Interesante Historia, ‘El Islam. Los misterios de una religión’, Ed. Televisa, p. 95.

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