La esclavitud en Estados Unidos

Es necesario distinguir entre la esclavitud ancilar del temprano colonialismo español y portugués y la esclavitud estructural, vinculada a las plantaciones y a la producción, que prevaleció en el siglo XVIII.

La “esclavitud ancilar” española no suponía mayorías de esclavos en las colonias ni la exclusión de los esclavos de todos los puestos de responsabilidad ni la negación de los atributos humanos de los esclavizados. 

Los esclavos africanos trabajaban como criados domésticos, mandaderos, porteros, capataces, cargadores, sastres, barberos, jardineros, artesanos; los esclavos trabajaban en las minas de oro de Nueva Granada y en las plantaciones de azúcar de Cuba, o de cacao en Venezuela, pero estos eran modestos enclaves en la economía imperial española de 1770. La plata era extraída por trabajadores asalariados, la mayoría indios, pero también algunos negros o mestizos, o mediante el trabajo tributario de los poblados indios. 

Las colonias inglesas y francesas se convirtieron, como Brasil y a diferencia de la América española, en colonias de población, ya que los habitantes nativos fueron muertos, marginados o expulsados. Más de la mitad de los emigrantes blancos a la Norteamérica colonial llegaron como sirvientes por contrato. 

Los territorios españoles en América, mal llamados colonias, fueron más extensos que los de otras potencias europeas, sin embargo, la esclavitud desempeñó un papel económico mucho menor que en EE.UU., Haití o Brasil. Además, a diferencia de lo que sucedió en EE.UU., el mestizaje fue una realidad. En EE.UU., actualmente, en muchas ciudades del Sur un mulato con rasgos blancos se ve empujado a definirse como blanco o negro, y debe relacionarse exclusivamente con la gente de su color. 

En los primeros tiempos de la historia colonial norteamericana, muchos ingleses pobres pagaron el pasaje a las colonias a cambio de su libertad y su trabajo durante cierto periodo de tiempo. 



Fuente:
Jesús M. Sáez, “Historia de Estados Unidos”, p. 7 – 8.

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