La sociedad musulmana siempre ha estado determinada por el preponderante papel que en ella juega la religión, la cual conforma el poder político y también la sociedad en sus más variados aspectos. El arte islámico surge, por tanto, como un arte al servicio de la religión, y la mezquita será su inicial y más significativa manifestación artística. La Cúpula de la Roca de Jerusalén es el primer gran ejemplo de estas construcciones, a la que seguirá la Gran Mezquita omeya de Damasco, convirtiéndose ambas en los dos grandes hitos arquitectónicos que marcaron la pauta a seguir.
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