Primer periodo. Un sueño que se consolida (1896-1912)

Los millones de espectadores que hoy disfrutan de los Juegos Olímpicos, evento organizado a la perfección gracias a comités, reglamentos y profesionales de múltiples especialidades, difícilmente podrían identificarlos con sus primeras ediciones, cuando apenas comenzaban a cobrar forma. Aunque el sueño de Pierre de Coubertin parecía haberse realizado en Atenas 1896, serían necesarias dos décadas para consolidar los Juegos modernos. Se requirieron grandes esfuerzos en lograrlo. El más importante fue darles continuidad. Si consideramos las cinco primeras ediciones, tres de ellas (Atenas 1896, París 1900 y Saint Louis 1904) fueron desordenadas y azarosas en todos los sentidos. Los criterios de selección deportiva eran prácticamente inexistentes y no había garantía alguna para determinar que los participantes eran, en realidad, los mejores deportistas de sus países de origen. Los deportes incluidos variaban mucho y algunos no generaban interés. Otro importante desafío fue construir una genuina afición deportiva entre el público, más interesado por las novedades triviales que por las competencias.

Una coyuntura fundamental.

La falta de reglamentación en todos los sentidos originaba acontecimientos impensables hoy día. En un hecho connotado, cuando el corredor Thomas J. Hicks (Saint Louis 1904) parecía a punto de desmayarse por las malas condiciones de la pista y el polvo levantado por los vehículos que lo seguían, sus amigos le ofrecieron un buen trago de brandy y lo llevaron prácticamente cargando hasta la meta. Fue premiado con la medalla de oro. El carácter internacional y la apertura a la diversidad étnica fueron problemáticos en esas ediciones, tiempos en que el deporte parecía una práctica reservada a los varones caucásicos.

En este sentido Londres 1908 marcó muchos cambios cualitativos. Su organización corrió a cargo de verdaderas entidades deportivas y se dejó de ver a los Juegos como meros agregados a ferias y exposiciones. La construcción de un nuevo estadio, llamado White City, con características de funcionamiento y eficiencia normadas por especialistas, fue un logro en todos los sentidos que elevó de manera sustancial el número de participantes y espectadores. Estocolmo 1912 capitalizó esa experiencia. Sin embargo, la celebración de los Juegos se vio interrumpida por un hecho histórico que puso en duda todos los ideales humanistas de Pierre de Coubertin: la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y su brutal impacto en la vida de millones de personas. ¿Lograrían recuperarse?

Fuente:
Muy Interesante – “Gran Libro de las Olimpiadas. De Atenas 1896 a Beijing 2008”, Ed. Televisa, p. 15.

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