Dora Alonso – Tilín Tilón





¡Qué triste estaba el titiritero! Tilín Tilón, su títere preferido, se negaba a trabajar. Cuando debía mover la cabeza, movía los pies; si le pedían que bailara, se ponía tieso o se dejaba caer despatarrado.

Pensando que el muñeco no se sentía bien, el hombre le preguntó si le dolía algo, pero el títere dijo que no.


- ¿No será que quieres una peluca o unos zapatos de charol?

Tilín Tilón negó de nuevo. No quería nada de eso.

Probaron entonces a contentarlo con una pelota de brillante color rojo, pero fue inútil. El muñeco ni siquiera la miró: estaba decidido a dejar de trabajar.

- ¡Basta de servir de mono a los muchachos! – murmuraba el rebelde por lo bajo –. ¡No dejaré que me engatusen con pelucas, zapatos ni pelotas! ¡Que se busquen otra diversión!

Sin dejarse convencer ni aconsejar, el títere se negó a trabajar y se metió en su caja y repitió que en adelante viviría de sus ahorros, y se dedicó a echar una barrigota del tamaño de un melón.

Todo parecía salir bien: el títere dormía toda la mañana y permanecía brazo sobre brazo, pensando en las telarañas mientras sus compañeros se afanaban; pero llegó un momento en que Tilín Tilón empezó a decirse que estar metido dentro de una caja sin trabajar no resultaba tan agradable. El muñeco escuchaba la música, la risa y los aplausos de los niños en el teatrito, y suspiraba lleno de nostalgia. Y lo peor de todo era que parecían haberlo olvidado por completo.

- He sido un atolondrado – pensó –. Tendré que cambiar sin perder un minuto más.

Y Tilín Tilón salió de la caja, se reunió con los demás títeres y animosamente empezó a trabajar en el guiñol.


Fuente: SEP – Mi Libro de Segundo. Parte 2

Comentarios

  1. ¿podrías incluir las hermosas ilustraciones de ese cuento, que estaban en el libro de la SEP?

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