Transformación de Jesús. Traslado a Pella

Jesús y los doce se establecen en Perea, cerca de Pella, donde el Maestro ha sido bautizado en el Jordán, el grupo completo es de trescientas personas, aunque todos los días llegan de todas partes de Palestina y hasta de lejanas regio­nes del imperio romano para ver y escuchar la enseñanza de Jesús.

Antes del anochecer de ese día, Jesús experimenta un raro momento de éxtasis emocional que sus seguidores tienen ocasión de presenciar. Levanta su cara al cielo y ex­clama: "Te doy gracias, Padre mío, Señor del cielo y de la tierra, porque el espíritu ha revelado las glorias espirituales a estos hijos del reino, mientras que este evangelio maravi­lloso ha sido ocultado a los sabios y presuntuosos Sí Padre mío, debe haber sido agradable a tus ojos hacer esto y me regocijo al saber que la buena nueva se difundirá por el mundo entero después de que yo haya vuelto a ti, al final del trabajo que me has encomendado.

"Estoy enormemente emocionado cuando me doy cuenta de que estás a punto de poner en mis manos toda la autoridad, ya que sólo tú sabes realmente quién soy y que solo yo te conozco realmente, así como aquellos a quienes te he revelado. Cuando finalice esta revelación a mis herma­nos en la carne, la continuaré con tus criaturas del cielo"

Después, se dirige a todos los discípulos y comenta: “Han escuchado y mirado cuántas ciudades y pueblos han recibido la buena nueva del reino y cómo han sido recibi­dos mis ministros e instructores, tanto por judíos como por gentiles. Benditas son en verdad esas comunidades que han elegido creer en el evangelio del reino. Pero, ¡ay de aquellos que rechazan la luz y no han recibido bien a estos mensa­jeros! Declaro que si las obras poderosas que se han hecho hubieran sido en Tiro y en Sidón, los habitantes de esas ciudades llamadas paganas se habrían arrepentido desde hace mucho tiempo. En el día del juicio, el destino de esas ciudades será, por cierto, más llevadero".

Jesús continúa su exposición ante los cientos de perso­nas que lo escuchan: "Han emprendido la importante labor de ensenar a hombres y mujeres que son hijos de Dios Les he mostrado el camino; ahora, salgan a realizar su deber y no desistan en hacer el bien. A ustedes y a todos los que sigan sus pasos a lo largo de los siglos, les digo que siempre estoy cerca y que mi convocatoria es y será para siempre: Vengan a mí todos los que lleven una carga pesada que yo les proporcionaré descanso. Hagan suyo mi padecimiento como humano y aprendan de mí, ya que soy sincero y leal, por lo que encontrarán el descanso espiritual para su alma".


Fuente: 
Los Grandes. Jesús, Editorial Tomo, p. 147 – 150.

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