Antecedentes de la Lucha Libre. Grecia y Roma

El desempeño de ciertas actividades de ejercicio corporal, en relación con la vida cotidiana o con fines de entretenimiento, ha sido siempre común a todas las culturas de la humanidad desde los tiempos más remotos. Culturas antiguas como la romana y la griega fueron algunas de las que constituyeron con mayor importancia las prácticas deportivas (Schobel, 1968).

Un cuadro de la cultura griega y romana no puede ser completado si en él no figura un estudio de los espectáculos. Nada da mejor idea que éstos, de la grandiosidad de la vida en aquella época, además de que suministran desde muchos puntos de vista, elementos de juicio valiosos para apreciar la situación espiritual y moral de dichas civilizaciones (Friedlaender, 1947).

En Grecia, además de los grandes festejos nacionales panhelénicos, se llevaban a cabo múltiples celebraciones y distracciones locales en las distintas ciudades, en honor a los dioses. Si bien los helenos no habían conseguido la unión política, estaban compenetrados por un sentimiento de unidad nacional, que adquirieron en la solidaridad de luchas contra grandes potencias extraeuropeas (Friedlaender, 1947).

Donde esta cohesión se ponía especialmente de relieve, era en las grandes fiestas nacionales cuyo origen era religioso. Tal es el caso de las Olimpiadas, de las cuales a partir del año 776 a. C. se establece su cronología oficial, es decir, se reorganizó un reglamento para las distintas disciplinas y se empezó a redactar la lista de los vencedores (Maisch, 1931).

Los griegos en el apogeo de su cultura, concedieron la máxima importancia a la educación integral, basada en el armonioso adiestramiento y desarrollo del cuerpo, la mente y el espíritu. El deporte llegaba a su máxima expresión, especialmente cuando se organizaban los juegos festivos de Olimpia, en los que se exigía ante todo valor y habilidad, rivalizando en noble oposición de fuerzas (Schobel, 1968).

Los juegos se organizaban cada 4 años, debido a que competían deportistas de diversos lugares -algunos muy alejados- (Schobel, 1968). Inicialmente duraban tan solo un día, pero a partir del año 472 se prolongaron hasta cinco días, debido al mayor participación de atletas y al número creciente de las distintas disciplinas (Maisch, 1931).

El primer día de espectáculo era inaugurado por las competencias infantiles y a partir del tercer día se llevaban a cabo los concursos para adultos. La dirección de todos los festejos, así como la distribución de los premios, se hallaba en manos de diez jueces, los cuales el quinto día entregaban a los vencedores la corona de olivo, el objeto más preciado para un heleno equivalente a un título de nobleza (Maisch, 1931).

Se trataba principalmente de dar el premio a la mayor fuerza, agilidad y destreza, la cual era demostrada y medida a través de deportes gimnásticos e hípicos (Maisch, 1931). A su vez, tenían como mira la preparación y enseñanza, en el ejercicio de las armas y la lucha (Schobel, 1968).

Entre las disciplinas que se llevaban a cabo en las Olimpiadas, se encuentra: el salto con pesas, carrera doble, carrera de cuadrigas, carrera de resistencia (Schobel, 1968), carreras en carros de guerra, salto de longitud, lanzamiento de disco, tiro al blanco, carrera pedestre, carrera de armas, pugilato (lucha con puños), pancración o pancracio (lucha y pugilato combinados) y la lucha libre (Maisch, 1931).

La Lucha Libre se introdujo por primera vez en el año 708 a. C a los juegos de la 18° olimpiada. Consistía en derrotar al adversario tres veces haciéndolo tocar el suelo con sus dos hombros (Schobel, 1968). Para lograrlo, se permitía hacer uso de maniobras actualmente prohibidas como zancadillas, golpes secos en las corvas de los pies, retorcer lo miembros del concurrente o hacer un quiebro para agarrarle por detrás o aprisionarle con los muslos (Maisch, 1931).

Para llevar a cabo los torneos se sorteaban las parejas de competidores, divididos entre hombres adultos y jóvenes, por lo que un gladiador de menor peso tenía que superar su desventaja por una mayor habilidad. Ésta disciplina además de fuerza, exigía habilidad e inteligencia de sus practicantes (Schobel, 1968).

Por otra parte, en Roma las ‘ferias’ fueron creadas originalmente -en su mayor parte- para conmemorar las festividades de los dioses, y ocupaban aproximadamente la mitad del año; con ello procuraban no sólo agradar a sus deidades, sino también captar su energía o su poder. Sin embargo, estas prácticas fueron perdiendo significación religiosa, haciéndola menos visible, pero igualmente presente (Carcopino, 1942).

Se convirtieron en el medio más eficaz de benevolencia utilizado por los emperadores, para ganarse la simpatía y admiración del pueblo, dando como resultado el que éste se entregara por entero a la voluntad de sus monarcas y robusteciendo su autoridad; además era así como la plebe corrompida era entretenida, dejando de ser un peligro para el bien común. Los espectáculos públicos daban al pueblo la posibilidad de congregarse en masa y exteriorizar en voz alta ante el emperador -quien procuraban estar siempre presente- sus alegrías y descontentos; manifestaciones que ahí eran recibidas con una tolerancia poco usual fuera de ese recinto (Friedlaender, 1947).

Sin embargo, al cabo del tiempo los espectáculos dejaron de depender de la voluntad de los emperadores, ya que se convirtieron en una exigencia, necesidad y derecho indeclinable de la sociedad. De no ser así, el desatender los pasatiempos del pueblo, para el gobierno representaba el enfrentar un grave descontento (Friedlaender, 1947).

Los juegos y espectáculos se ofrecían a los habitantes de la Urbs en diversos espacios religiosos o laicos de la ciudad como: foros, circos, palestras, arenas, teatros, estadios, anfiteatros y naumaquias (Carcopino, 1942), en los que se llevaban a cabo prácticas como carreras, torneos de gladiadores, acosos de fieras, luchas entre animales y combates navales (Friedlaender, 1947).

Fue en el año 490, cuando se presentó por primera vez un combate entre gladiadores (hoplomaquia), en donde sólo podían escapar de la muerte aquellos que mataran a su adversario. Sin embargo, fue hasta 649 que se organizaron con carácter oficial, creándose normas reguladoras y legales, a las que debían atenerse todos los espectáculos de dicha naturaleza (Friedlaender, 1947).

Se cree que la lucha entre gladiadores fue determinada en primer término por razones militares (con la mira de adiestrar sistemáticamente a los soldados en el arte de la esgrima), guardando también cierta relación con el antagonismo sentido con respecto a la cultura griega. Sin embargo, la mayor parte de los gladiadores eran criminales condenados, prisioneros de guerra, esclavos y hombres libres reclutados como voluntarios. Posteriormente, en el año 63 también se innovaría la pelea de mujeres y pigmeos, siendo necesario posteriormente prohibir su actuación en el año 200 (Friedlaender, 1947).

Posteriormente, con la propagación de la nueva religión, los emperadores cristianos pusieron fin a las matanzas y sacrificios humanos, en donde los hombres eran armados sólo para matar y ser muertos ante la presencia de los eufóricos espectadores. A su remplazo se introdujeron a comienzos del siglo II, los combates y torneos griegos de atletas, siendo inicialmente rechazados por la población romana, quienes los veía como una práctica corruptora y venida por añadidura extranjera (Carcopino, 1942), dándose una aversión nacional y por consiguiente un movimiento de oposición contra el atletismo y los juegos agonales griegos (Friedlaender, 1947).

Sin embargo, los juegos atléticos empezaron a popularizarse gradualmente durante la época del Imperio, a medida que fueron fundiéndose la cultura y las costumbres romanas y helénicas; llevándose a cabo en el año 186 el primer torneo atlético en Roma, siendo posteriormente incorporado a las fiestas nacionales (Friedlaender, 1947). Entre las nuevas prácticas deportivas, se encontraban las carreras a pie, boxeo, lanzamiento de disco, lanzamiento de jabalina y la lucha libre, entendida como un deporte moderno y espiritual, que fortificaba al cuerpo en lugar de destruirlo (Carcopino, 1942).

De este modo, a grandes rasgos se puede apreciar cómo en el transcurso de los siglos evolucionaron los torneos a muerte entre gladiadores practicados por culturas antiguas, hasta como se conoce el deporte de la lucha libre profesional actualmente, cuyas reglas se han ido modificando haciendo diferentes estilos, que hacen a esta práctica cada vez más popular en todo el mundo.

Fuente:
redalyc.org

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