Los estados nacionales tienen que desenvolverse bajo una doble presión: Por un lado, la fuerza y las condiciones que les impone la globalización de la economía y los sistemas y procesos de producción, de intercambio y de comunicación e información que operan y funcionan en el mundo. Por otro, las fuerzas locales, regionales dentro de los Estados nacionales que reclaman (y van obteniendo) cada vez más atribuciones y recursos.
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